No es ninguna novedad el hecho de que las bandas de rock son como una familia disfuncional, miembros vienen y van, a veces hay funerales y (re)nacimientos, unas siguen unidas mientras otras prefieren mantener la distancia por un tiempo, como es el caso de Black Sabbath, después de que su bajista Geezer Butler anunciara que no habrá una reunión de la alineación original, al menos durante el 2011. Otras se reencuentran, por ejemplo System of A Down quienes han vuelto a salir de gira, mas no han hablado todavía de un nuevo disco, al igual que Slipknot que no tiene intenciones de grabar por el momento, tras el fallecimiento de su bajista Paul Gray.
Entre quienes si han lanzado nuevo material recientemente se encuentra la banda de metal extremo originaria de Inglaterra Cradle of Filth. Su última producción llamada Darkly, Darkly Venus Aversa es un álbum conceptual en la vena de anteriores discos como Cruelty and The Beast y Godspeed on the Devil's Thunder, esta vez basado en Lilith, la primera esposa de Adán. Otra novedad es la participación de la tecladista Ashley Ellyllon, en su primera incursión con esta banda.
Otra interesante lanzamiento es el primer episodio en vivo de la saga de Avantasia, creada por el músico alemán Tobias Sammet, en compañía de la crema y nata del metal europeo, titulada The Flying Opera. Aunque la mayoría de los cortes incluidos en esta producción había formado parte previamente en los anteriores capítulos de esta opera metal (The Metal Opera I y II, Lost in Space I y II, The Scarecrow, The Wicked Symphony y Angel of Babylon), sigue siendo un fascinante documento sobre uno de los proyectos más ambiciosos en la historia del rock.
Sin lugar a dudas una de las más impresionantes noticias ha sido el hecho de que Dream Theater haya oficialmente reemplazado a su baterista original y miembro fundador Mike Portnoy. Todo empezó cuando Portnoy salió de gira con la banda Avenge Sevenfold. Poco después le solicitó a sus ahora ex-compañeros un tiempo de descanso para Dream Theater, a los cuales estos se negaron, lo cual motivó la salida de Portnoy. Al final de la historia, tanto Avenge Sevenfold como Dream Theather decidieron prescindir de sus servicios (Portnoy lo pensó mejor y pidió a Dream Theater que lo recibieran de nuevo, petición que fue denegada por los abogados de la banda). El nuevo baterista es Mike Mangini, conocido por tocar con Annihilator, Extreme and Steve Vai.
Finalmente, uno de los mas esperados lanzamientos para el 2011 es el álbum When Man and Machine Collide de la banda Control Denied, la cual fuera liderada por el legendario guitarrista Chuck Schuldiner. La banda empezó a trabajar en el disco en el 2000, pero una serie de complicaciones, la mayor de todas la muerte de Schuldiner, atrasó la salida del disco hasta mas de diez años después.
Lo
mejor que he experimentado desde que dejé de escribir con regularidad
sobre rock es la pérdida de la autoimpuesta obligación de estar
pendiente de cada nuevo lanzamiento. Ahoraapenas escribo sobre música,
pero creo que gracias a ello he vuelto a disfrutarla como cualquiera.
¿Que estoy pletórico de energías? Me encaro a la estantería y empiezo a
buscar un álbum que me ayude a canalizarla. ¿Que tengo la moral baja?
Busco algo que me acompañe o me anime. Es una experiencia única y
enormemente placentera cuando uno redescubre un disco que había olvidado
y que en su momento le marcó, una experiencia que nunca podrá sustituir
el más potente disco duro cargado de mp3. Algo así me sucedió hace unos
días, cuando no sé buscando qué, me reencontré con mis discos de Tots Sants.
Desconozco lo que requería mi estado emocional en ese momento, pero el
caso es que los CDs acabaron en el reproductor, y su escucha, y el
recuerdo de una banda que mereció mejor suerte, me impulsó a escribir
unas líneas que trataran al menos de hacerles justicia.
Tots
Sants fue una formación originaria de Manacor que gozó de una mínima
popularidad en el primer lustro de la década de los noventa en la escena
del rock en catalán. Los dos discos que editaron en 1992 y 1993
brindaron canciones notables, pero la miopía de la prensa
"especializada" estatal, por aquel entonces viviendo uno de sus últimos
grandes romances con la industria del disco -tú pagas, tú sales-, no les
hizo ni puñetero caso. Del mismo modo, pese a que por su calidad
también superaban con creces a la práctica totalidad de grupos de la
escena del "rock català",
la maquinaria que impulsó este movimiento nunca les dio mucha bola,
quizás por la dificultad de ser mallorquines, pero seguramente también
por ser un grupo que se mostraba crítico en sus canciones con las
algunas de las vinculaciones políticas que aquél movimiento conllevó.
Teniendo en cuenta todo eso, los de Manacor, pese a su solvencia
musical, tenían todas las de perder.
Ja m'ho temiasignificó
su debut en 1992 y seguramente sea su disco más conocido. En él, el
quinteto integrado por Jaume Estelrich (guitarra y principal
compositor), Xavier Ramis (voz), Alex Vadell (bajo), Marcos Gil
(batería) y Aurelio Pérez (guitarra) ofrecía once temas que bien podían
enmarcarse en la corriente urbana del rock estatal, pero en los que ya
daban muestras de una amplitud de miras mayor a la media incluyendo
ramalazos de funk o de hard rock. El disco no era redondo, básicamente
por la presencia de dos o tres temas vulgares -las típicas canciones
sobre anécdotas tan habituales en el rock urbano, pero no por ello menos
cutres-, pero a cambio ofrecía momentos brillantes como Tot és en vao Leyenda negra,
uno de los tres temas en castellano del disco, criticando el enfoque de
la celebración del quinto centenario de la conquista de América que por
entonces se perpetraba en este país.
No fue Ja m'ho temia
un mal disco -desde la distancia no desmerece junto a álbumes de la
época de Barricada, Leize y compañía- aunque llegaba relativamente para
el sonido que facturaban por entonces las bandas más punteras. Sin
embargo, tan solo un año después veía la luz Màxima Audiéncia,
una segunda entrega mucho más compacta tanto a nivel musical como en el
plano letrístico, centrado en reflejar una sociedad occidental en plena
crisis económica y ética. Musicalmente, en Màxima Audiència los
riffs metálicos ganaban peso y las líneas de ritmo se liberaban de
corsés, enriqueciendo las formas de los temas. Con esa libertad
contenida por un objetivo sonoro y la calidad de la banda, los buenos
resultados se disfrutaban desde los primeros compases de temas ceñidos a
la actualidad. Las primeras adicciones a los videojuegos, los
conflictos raciales de Los Angeles, o el alarmante auge de los
movimientos neonazis en aquellos años -que nadie ha detenido hasta hoy-
eran los temas de sus primeros y duros Crack Boy, Condemnat o No els deixem tornar que abrían el disco con fiereza antes de que la más rockera Coll de dama aliviara un poco el tono. Que la siguiente Illa Mariafuera
una potente y triste balada, fantástica, bien podría mostrar la
ambición y el esmero que Tots Sants pusieron en el álbum. Y lejos de
decaer, Máxima Audiència aún tenía mucho que ofrecer. Na Joanetaofrecía a ritmo de trash una mirada a la guerra de Yugoslavia; Crida meclaba funk y metal para tratar de desnudar la mercadotecnia rockera de la industria musical; mientras que Va por ti-el
único tema en castellano de este álbum- aportaba un toque personal al
álbum contando una breve historia de descubrimiento que a mí siempre me
gustó. Mort en vida, sin ser un
mal tema, era, con su toque lisérgico-, la nota discordante del álbum,
que recuperaba el tono en la funky y comprometida No tocarem,
un alegato antinacionalista que seguramente no les haría ganar adeptos
en el movimiento del rock català impulsado precisamente con ese fin.
Finalmente, el metálico tema que daba título al álbum, criticando la
telebasura que por aquel entonces empezaba a emerger en la televisión
española, dejaba caer el telón de un modo coherente sobre un álbum con
una solidez poco habitual en la escena estatal.
Sin embargo, esa
calidad no fue suficiente para que prácticamente nadie se enterara de su
existencia. Creo recordar que Metal Hammer fue la única publicación que
sacó una reseña del álbum en su día y también que no lo recibió con
mucho entusiasmo, y casi con toda seguridad les dioría que no escuché
sus temas más que na vez en la radio (una es posible, aunque no podría
asegurarlo). Por fortuna sí que llegó a manos de un amigo, que entonces
nos lo copió en la típica cinta de audio a unos cuantos colegas, y
también por fortuna, nos enteramos de que pasarían por Villarreal a
presentarlo en una velada del Tirant de Rock. Mi recuerdo del concierto
es que fue verdaderamente potente, pero también que sólo los cinco o
seis amigos que fuimos, del escaso centenar de asistentes, conocíamos
sus temas. Allí conversamos con la banda antes y después de la
actuación, aunque de aquello sólo guardo en la memoria la simpatía con
que nos recibieron. Después de aquél concierto poco más supe de ellos.
Creo recordar que aún grabaron un tercer disco (aunque no se mencione en
ningún lugar de los que he consultado en la red), pero con un giro
estilístico, y al margen de eso, poco más. ¿Qué sería de Tots Sants? Si
alguien lo sabe estaría encantado de que nos dejara un mensaje
corrigiendo lo que os he contado y ampliándolo (en pocos sitios de la
web se habla de la banda). Pero independientemente de ello, aunque jamás
se vuelva a saber de ellos, seguro que al margen de un servidor, anada
por ahí más de uno que de cuando en cuando desempolva sus discos y
experimenta que sus canciones siguen vivas. Como decía al principio, esa
es una magnífica experiencia.
PD: Curiosamente, mientras preparaba este texto me encontré con una web alucinante llamada Deezer, en la que se pueden escuchar íntegramente muchísimos álbumes. Y entre ellos, los dos de Tots Sants a los que hago referencia en esta entrada. De modo que si lo desean aquí tienen Ja m'ho temia y Màxima Audiència. Y si además quieren tenerlos en formato físico, tienen suerte, pues parece que Picap aún los mantiene a la venta.
Eran
las siete menos cinco de la tarde del pasado sábado cuando dos
chavalitos perdían su precioso tiempo berreando a un micro de plástico
mientras un tercero le daba endiabladamente a las cuatro o cinco teclas
de un cacharro con el que se supone que emula a sus ídolos, en una
videoconsola de muestra instalada en un centro comercial valenciano.
Paradójicamente, a apenas una decena de metros, seis tipos que por
suerte para todos crecieron cuando estos trastos no existían (que sí,
que admito que al menos en este cutre país esos juegos al menos servirán
para que los chavales oigan todo el rock que les niegan los medios
convencionales) estaban a punto de realizar una nueva descarga de rock
del que difícilmente se ve por los parajes falleros. Hasta que llegaron
ellos, claro. Babylon Rockets
es su nombre y difícilmente olvidaré la primera vez que les vi actuando
el pasado verano, cuando robaron literalmente el show a los
australianos The Devilrock Four. Por entonces, aún no tenían listo su CD
de debut, un Conspiracity ('08
Producciones Malditas) que finalmente vio la luz hace poco más de un
mes, y pasó a engrosar mi colección cuando lo adquirí en otra cita
memorable: cuando se comieron a The Last Vegas hace poco más de una
semana a su paso por Valencia.
Pero
qué tocan esos tíos, os estaréis preguntando. Lo más sencillo sería
decir que tocan hard rock, porque realmente bajo esa etiqueta se
engloban todos los temas de su repertorio, pero lo cierto es que son
tantas las referencias, los sabores que te remiten sus temas, que es un
término que parece quedarse corto para explicar lo que ofrecen. Tomando
como muestra el CD, el primer tema, On Your Stereo remitiría a los AC/DC de la era Bon Scott, mientras que Sell My Soul recuerda a los Hellacopters post Grande Rock;
aunque el paso de un tema a otro no sea traumático. Y es que, como
conocedores del terreno que pisan -no hay prácticamente un concierto que
haya asistido fuera de Valencia en el que no haya coincidido con Dany
(cantante) y Rafa (guitarra)-, el grupo parece haber recogido y aplicado
todos los clitchés del amplio espectro del rock y el hard rock y
haberlos aplicado a sus temas. Así Take A Ride podrá remitir a los Stones versión dura, Show World se oscurece en plan Turbonegro, o Once Again recordará
a Faster Pussycat, aunque al final todo acabe diluido por el tamiz
propio que aporta la solidez de fondo de los temas y la inteligencia
para saber aprovechar lo que ya está inventado sin dejarse devorar por
ello. Eso es lo que pasa en Conspiracity,
un excelente debut, muy bien producido, pero que, a pesar de ello -y de
lo que pueda parecer a cualquiera que escuche barbaridades como Can't Stop o I Don't Need An Alarm Clock-,
no ha sido capaz de capturar toda la potencia del grupo en directo (no
me quiero imaginar cómo sonaría esto producido por Mike Clink o Steve
Jones). Y no porque el disco no sea brillante, que lo es, sino porque
Babylon Rockets son realmente potentes sobre el escenario, como
volvieron a demostrar el pasado sábado. Seguramente se deba a que en el
álbum no se pueda ver a Dany arengando al personal, a Eloy ofreciendo su
guitarra al cielo mientras toca un solo, a Rafa y Celio tocando
mientras cantan las letras de los temas como si se los arrancaran del
alma y a Kike marcándoles a todos el ritmo (junto a Kiko 'Suzuki
Samurai', su última y acertadísima incorporación, tocando su hammond
mientras está de pie sobre él) para hacer que la gente, que por ahora
llega en su mayoría a sus conciertos sin haberlos escuchado en la vida,
acabe literalmente entregada. Quizás por ser incapaz de mostrar eso el
disco no sea perfecto, pero quizás por ser el que primero que les
acompañó de gira llegue a ser historia. Yo de ustedes no me lo pensaba
si pasan cerca de sus casas.
Cuando Black Ice, el nuevo disco de AC/DC,
ya lleva semanas a la venta y más aún circulando por internet, el que
más o el que menos ya tiene su propia opinión formada. ¿De qué sirve la
mía a estas alturas? Sencillamente, creo que a ustedes de bien poco,
pero un servidor se va a permitir el lujo de soltar su rollo, pues pocas
veces uno puede embarcarse en el ejercicio de estilo que supone
criticar algo que todo el mundo conoce y valora, tratando de aportar a
su vez algo nuevo al coro de voces. Y si eso era ya interesante cuando
los australianos sacaron sus anteriores álbumes, esta vez lo es un poco
más, porque vaya a saber usted por qué, después de más de tres décadas
ininterrumpidas entre los más grandes del rock, no ha sido hasta este
2008 cuando se ha reconocido a la banda de los hermanos Young su
posición en el olimpo musical. Ahora todo el mundo opina sobre ellos,
los ha seguido toda la vida, señala que los prefería con Bon Scott, y el
resto de tópicos al uso. No les extrañe que en su próxima visita a
España veamos a Mar Flores saliendo de uno de sus conciertos, como
sucedió en la última gira del Boss. AC/DC son ahora patrimonio de la humanidad. Y lo merecen, no cabe duda, pero a la hora de analizar lo que vale este Black Ice uno,
a menos que escriba en el EP3, el Mondo Sonoro o la Rolling Stone, no
ha de plantearse lo que supone para las vidas de los que van a colocar
el CD en la guantera junto al anterior de Anastasia, el último de
Madonna y un grandes éxitos de los Stones, sino para los que mantuvieron
a la banda entre 1981 y 1990, cuando AC/DC, pese a ser tan grandes o
más que ahora, eran tratados como unos apestados supervivientes de la
generación de los dinosaurios del rock. ¿Qué aporta Black Ice a los seguidores del rock? ¿Qué supone para los que han traído a la banda hasta aquí?
Para
ambos grupos hay una respuesta rápida, sencilla y obvia: una alegría.
Sólo los más pejilleros pondrán alguna pega a la salida de un nuevo
álbum de Angus y cía, pero para cualquier rockero de a pie una nueva
entrega de los australianos (siempre que no se salgan del redil y
despotriquen de sus esencias) siempre es bien recibida. Es más, el
cariño que profesamos al quinteto es tal que no es extraño que, a la
primera impresión de su nueva oferta, nos entreguemos a ella con
excesivo entusiasmo (les hablo desde la experiencia).
Sin embargo, superada la emoción del reencuentro con ese familiar tan
querido que es el sonido de la banda, debe llegar la valoración con
calma. Lo primero que salta a la vista de Black Ice es que es un disco largo, el más largo de una carrera que no presume, precisamente en su etapa post Back In Black, de contar con muchos discos completos. Así pues, cabían dos posibilidades, que durante la larga pausa desde Stiff Upper Lip AC/DC hubieran compuesto tantos temas buenos que no pudieran haber rebajado de quince la
lista de los inmensos -con lo que estaríamos ante una obra maestra-; o
bien que hubieran decidido compensar la prolongada ausencia con más
material. Y lamentablemente, cabe señalar, Black Ice no es una obra maestra.
El disco se abre fuerte con su primer single, Rock N Roll Train,
que sin ser un tema tan espectacular como parecía en la primera
impresión (excepto en el detalle de los coros, que aporta un toque más
enérgico, la canción repite la fórmula del primer single de sus dos
últimos discos, correcta pero por debajo de su producción pre Razors Edge), pone el álbum en una buena dirección; dirección que secunda Skies On Fire,
otra canción que no brilla individualmente pero que, también en el
aspecto coral, recuerda ligeramente a los buenos temas secundarios de
discos infravalorados como Fly On The Wall o Blow Up Your Video. Big Jack acelera
la cadencia y se agradece, porque hasta ese punto no era muy rápida,
aunque la distorsión lánguida de guitarra que los hermanos Young se
gastan desde Ballbreaker no lo impulse hasta donde podría llegar. Tras ella llega Anything Goes,
un tema muy comercial que apunta a futuro single para todos los
públicos, y que podrían cantar a dúo con la ya citada Anastasia. A mí
personalmente no me molesta, sino más bien al contrario, me agrada su
presencia, pues rompe con la tónica habitual y aporta variedad y un tono
festivo al álbum, aunque supongo -porque no he leído muchas críticas-
que habrá recibido bastantes palos. No imagino que haya tenido el mismo
recibimiento War Machine, que en cambio para mí es la primera sobrante. Excesivamente similar a Hail Caesar, trata de ser sombría pero no roza las cotas de temas oscuros y poderosos como Razors Edge. En un tono bajo se mantiene Smash N Grab, que se eleva ligeramente gracias al estribillo (apartado en el que han continuado la remontada después del bajón de Ballbreaker), mientras que Spoilin' For A Fight se asoma un poco más, rememorando de nuevo las secundarias ochenteras antes mencionadas.
Wheels, en
cambio, es para mí la joya oculta del álbum (y digo oculta porque
parece que está descartada en los setlists de su presente gira); un rock
n roll directo y enérgico que sería capaz de hacer bailar a un estadio,
de los pocos del álbum que resisten la comparación -aunque sin salir
airada- de clásicos segundos singles de la era Johnson como Money Talks o That's The Way I Wanna Rock N Roll.
Es tal su nivel o tan regular el de los temas que lo siguen, que tras
él el álbum ya no alcanza ninguna cota similar (y eso que marca su
mitad). Decibel, sin ir más
lejos es otro de esos blues cadenciosos y sencillos que aparecieron en
sus dos últimas entregas, y que tan bien empleados fueron por la crítica
selecta para vestir de elegancia a una banda sobre la que tanto habían
despotricado hasta entonces. Esa calidad, está en cambio en la más
original Stormy May Day, en la
que da gusto escuchar el slide en el riff de base, aportando otro toque
original al álbum. Sin embargo la alegría dura poco, porque tras ella el
álbum se desinfla con dos temas vulgares, y no consigue recuperarse ni
con la interesante Rock N Roll Dream (la mejor de lo que queda), pues la también vulgar Rocking All The Way la
diluye en el grupo, y el tema que cierra el álbum y le da título, no es
precisamente una joya, sino más bien otro de los temas correctos pero
justitos con los que han regado sus dos últimas entregas.
El
balance general parece pues bastante mediocre, pues son más -o al menos
la mitad- los temas prescindibles, pero mirado de otro modo el disco
contiene más canciones brillantes que las dos últimas entregas de la
banda. Se podría decir pues que AC/DC podrían, de haber eliminado los
temas adecuados, haber conseguido un disco más sólido, pero ¿cuáles son
los adecuados? Si la elección estuviera en mi mano, creo que nos
encontraríamos con el disco más rico de la era post Razors Edge,
con temas comerciales, rocks directos y alguna pieza sobria pero
curiosa; aunque si nos fiamos de lo que seguramente habrán apuntado las
mentes más preclaras de la crítica musical, el disco podría ser un álbum
oscuro, más en la línea de Ballbreaker.
No obstante, el único disco posible es el que hay, y es un disco
desequilibrado y largo, que emociona por lo que significa ahora cuando
sale, pero que no sólo no resiste la comparación con la era Bon Scott
-es obvio-, sino que tampoco recupera a los AC/DC, no ya de Back In Black (su
obra maestra), sino de finales de los ochenta, cuando facturaron sus
últimos himnos definitivos. Sinceramente creo que podrían volver a ese
nivel pero, por desgracia, cuando estaban en él la prensa les
vilipendiaba, y parece que han identificado la popularidad que ahora
gozan con sus más sobrios últimos discos y no con el prestigio que
tienen merecido. Una pena.
Con
cuatro álbumes de estudio, los dos últimos unos importantes fenómenos
de ventas en su país natal, el momento de sacar el consabido álbum en
vivo para Avenged Sevenfold
parece el propicio. La banda estadounidense está enrachada y su
popularidad no para de crecer, hasta el punto de que podemos
considerarlos, sin miedo a equivocarnos, como el grupo metálico joven
más popular del planeta, aunque todavía a un paso de convertirse en
leyenda. Pero eso es algo que los directos suelen facilitar, por lo que a
nadie extrañó que hace ya bastantes meses anunciaran la próxima salida
de un DVD en vivo dando testimonio de su potencial en directo. Y eso, ni
más ni menos, es lo que es este Live In The LBC,
el espectacular testimonio audiovisual del paso de la gira de
presentación de su álbum homónimo por Long Beach, en una jugada que, no
sé si de modo casual o pretendido, guarda similitudes con el Live After Dead que
Iron Maiden grabaron también en el mismo recinto de la misma localidad
californiana en la gira de su -en su caso- quinto álbum de estudio. No
obstante, prácticamente ahí acaban las semejanzas.
Vayamos por partes. Si nos atenemos a lo formal, Live In The LBC es
impecable. Obviamente depende de gustos, y a algunos puede que no les
acabe de gustar la mezcla entre imágenes a tiempo real y recursos
estéticos más propios del videoclip -ralentizaciones del tiempo, empleos
de planos que no corresponden exactamente al momento preciso que se
escucha-, pero a mi parecer no hay un abuso excesivo de trucos y la
realización es soberbia a la hora de enfatizar la espectacularidad que
el show lleva implícita. Por otro lado, a nivel de sonido, excepto
algunos coros sampleados o regrabados, creo que lo que recoge el show es
bastante fiel a lo que debió sonar, pues se aprecian algunos gallos de
M. Shadows y no todo suena a la perfección, pero casi (que es como
realmente tocan, de lo que puedo dar fe por haberles visto en una sala
ante apenas 800 personas). ¿Qué es lo que falla entonces? Realmente,
fallar no falla nada, pues el DVD recoge la hora y pico de concierto que
la banda dio en el Long Beach Arena, pero es precisamente eso, que una
banda con el potencial de Avenged Sevenfold reincida en ofrecer, con el
bagaje discográfico que tiene a sus espaldas, un show tan corto (de su
CD de debut no interpretan un solo tema), lo que peor sabor de boca deja
de este álbum.
Es pues, lo que podría haber sido y no fue, lo
que empaña el documento, aunque por otro lado no se le puede negar la
objetividad, pues A7X no grabaron un concierto de dos horas cuando lo
que realmente ofrecen a diario son una hora y quince minutos. Sin
embargo es triste ver cómo, una banda que musicalmente tiene los mimbres
para ser un nueva leyenda, no realiza el esfuerzo que lleva a la
división más alta, como dieron Iron Maiden por ejemplo, con el directo
al que pretenden emular, que es testimonio de una gira extensísima de
conciertos agotadores. Pese a ello, dudo que el lanzamiento no sea
recibido con agrado por sus seguidores, pues viene además acompañado de
un extra de enjundia, como es el CD Diamonds In The Rough,
plagado de descartes de su último disco -que con dos versiones de
Maiden y Pantera suman once temas- que, en algunos casos, tenían la
calidad suficiente para haber acabado en él. Y es que Avenged Sevenfold
calidad tienen mucha. Aunque parece que ganas -y conocimiento- tienen
menos. Ojalá alguien les de un toque antes de que sea tarde.
sábado 27 de septiembre de 2008
Extremoduro (Beniparrell. 26.09.2008. Campo de fútbol)
De
las muchas cosas que barajo contaros aquí y que luego, por un motivo u
otro, no acaban viendo la luz, la que más me ha martilleado al mente
este verano fue la excelente impresión que me produjo la vuelta a la
actividad en directo de Extremoduro,
a su paso por el Viña de Paiporta. Aquel concierto (donde tomé las
fotos que ilustran esta entrada), serio, apabullante, me emocionó, pese a
no haber sido la de Roberto Iniesta una de mis bandas predilectas. Sin
embargo, me pareció que era difícil que no fuera así interpretándose un
gran número de temas que consciente o inconscientemente, de modo activo o
no, están ligadas al pasado de cualquier rockero de este país que ronde
la treintena. Al final, con la duda de no saber si se debía a algo
puramente sentimental o a que, además, el concierto fue ciertamente
aplastante, no les conté nada de aquello, pero cuando a mitad de agosto
se anunció que, antes de que acabaran la gira, Extremoduro regresaría
por la cercanías de Valencia, supe que iría a verlos de nuevo. Con esa
premisa me planté ayer en Beniparrell, para comprobar si aquella primera
impresión había sido casual. Y os puedo decir ya que no lo fue.
Después
de cuatro años de inactividad, los actuales Extremoduro no solo
confirman la impresión que ya dejó su anterior gira de que los
imprevistos y los desmanes que forjaron su leyenda en vivo son cosa del
pasado, sino que además transmiten que la cosa ahora va en serio, que
Iniesta ha venido a por lo que es suyo: el liderazgo del rock estatal.
Eso es lo que uno siente al verle aparecer al frente de la escena a los
primeros compases de Deltoya,
con una inmensa presencia pese a las grandes dimensiones del escenario, y
es una impresión que se mantiene y refuerza a medida que avanza un
concierto plagado de clásicos de su discografía. Robe siente, interpreta
y disfruta cada tema, y asume el liderazgo de una banda que suena
compacta y potente trabajando para él, y en la que brilla un Iñaki Antón
que, al contrario de lo que apuntan las malas lenguas, parece -por los
guiños que le lanza contantemente Robe- el alimento que ha hecho posible
que Extremoduro llegue hasta aquí. No entraré en una relación de temas,
aunque sí comentaré que en general -pese a lo que también critican los
puristas- las más coreadas fueron las posteriores al Agila, lo que
apunta a una gran legión de seguidores más jóvenes y que lo son a partir
de una parte de su discografía que no es la más valorada. Sea como
fuere, tras poco más de dos horas de concierto (estructuralmente
prácticamente igual que el del Viña) la sensación de los visto confirmó
los síntomas de lo vivido en junio: que había presenciado uno de los
mejores directos de rock que se pueden ver ahora mismo en España. Y esta
vez se lo tenía que decir. Aún queda un poco de gira y seguramente pasen cerca de su casa. Están avisados.
Periódicamente,
la gente de Bad Reputation Records, sello francés especilizado en rock y
hard rock me remite algunas de sus novedades. De entre las últimas
rescato ahora un par, siendo la más destacada la del nuevo álbum de Pat McManus, al que los más talluditos recordarán como el virtuoso guitarrista de los desaparecidos Mamma's Boys. In My Own Time significa
el regreso de Pat a la música en plan serio, después de su retirada de
Celtus, la banda de música folk en que se reciclaron los Boys tras la
muerte de su batería -y hermano- Tommy, y su título indica con claridad
lo que suena en él: un músico que, después de muchos años hace lo que
realmente le apetece y como le apetece. El resultado es un álbum
básicamente de blues pero por momentos con toques rockerizados, por
momentos con matices célticos. Los temas, sin ser excesivamente
originales, son sólidos y creíbles (no suena, por ejemplo, forzado como
un Gary Moore), pues a McManus no le incomoda que se le escapen sus tics
metálicos (lo que a veces puede recordar, salvando las distancias, la
versión más bluesy de Paul Gilbert). Si a ello le sumamos que está
perfectamente grabado y producido, nos encontramos con un álbum que
seguramente satisfará a más de un curioso.
En una onda distinta van Kingbaby, terceto angelino que presentan ahora este su segundo álbum de estudio. Un Find My Way en
el que practican un hard rock melódico que, por sus texturas
ligeramente blues, recuerda a un servidor la segunda época de los
extintos Mr. Big, virtuosismos aparte. El disco empieza con fuerza, con
tres temas que en pasadas décadas podrían, con un poco de fortuna,
haber sonado en las radios y cadenas televisivas de moda, pero la falta
de temas realmente originales y una producción limpia pero insustancial
(los temas están plagados de recursos no explotados) hace que el interés
decaiga a medida que avanza la escucha. Una mejor producción podría
haber hecho con los mismos mimbres, un álbum infinitamente superior,
pero la carencia de ella lo convierte en un disco más que solo satisfará
a los completistas del estilo. Una pena.
Gracias a Paulamule -que se lo está currando un montón siguiendo todas las novedades de AC/DC me entero de que, según informa EiTB, la banda australiana podría actuar en Barcelona el próximo 20 de enero
(la fecha todavía no está anunciada en su web de modo oficial). Lo que
sí es "palpable" es el otro tema de avance de su nuevo álbum, un War
Machine que se puede escuchar tanto en su web como en su sitio en MySpace.
Y bueno, imagino que ya lo sabréis porque está pegfado por todas
partes, pero por si acaso os aviso de que anteayer se estrenó el vídeo
de Rock 'N Roll Train.
En
otro orden de cosas, señalar el indignante nivel cultural de los medios
de comunicación de este país -de absolutamente todos- que no se han
hecho eco, sino es que están silenciando directamente, el hecho de que Extremoduro hayan logrado esta semana el número 1 de ventas de Promusicae (Metallica el 2) con su nuevo disco, La Ley Innata.
Y es que, gustos de cada uno al margen, el primer álbum en seis años de
la banda rockera estatal más influyente de las dos últimas décadas,
bien merece unas páginas de las que habitualmente se regalan tanto a la
bazofia de nueva hornada como a los popes -de pop- acabados de siempre
(y esta vez no voy a citar a nadie). Pero es que el colmo es que lo han
logrado sin contar siquiera con un videoclip. ¿Desde cuándo no sucede
eso? Lo dicho, vergüenza de colegas.
Desde
hace cosa de un mes lleva este vídeo en una de las pestañas de mi
navegador, reproduciéndose un día tras otro al abrir el programa, a la
espera de que en algún momento encontrara un rato para asomarme por
aquí. Se trata del trailer del primer DVD en vivo de Avenged Sevenfold, Live at the LBC, que tras sucesivos retrasos, sale por fin a la venta el próximo martes. El DVD viene a su vez acompañado del CD Diamonds In The Rough,
con un puñado de temas inéditos de estudio, un par de versiones y otras
tantas remezclas de clásicos. El vídeo quizás les abra el apetito.
Y cómo suena. En su site en MySpace o incrustado en la portada de su web (con mejor sonido), ya podéis escuchar Rock 'N Roll Train, el primer single de avance de su esperadísimo nuevo trabajo, Black Ice. ¿Es, como a mi me parece, su primer mejor single desde Thunderstruck?