martes 8 de mayo de 2007
Clásicos. SLASH'S SNAKEPIT. It's Five O'Clock Somewhere (Geffen)
Todavía me sorprendo al ver a imbéciles como el presentador de MTV España Johann Wald hacer chanzas sobre Guns N'Roses al tiempo que pone cara circunspecta ante la estupidez comentada por cualquier invitado de su espacio Fiber.
Es el signo de los tiempos, la estulticia es osada y además tiene
premio, en este caso ganarse un sueldo contagiándola a través del tubo
catódico. Sin embargo ahí están las pruebas. Sí, a raíz del éxito de
Guns N' Roses y otros grupos similares, los años finales de los ochenta y
principios de los noventa se llenaron de bandas estéticamente clónicas
de los gunners cazadas por discográficas con ansias de dar con sus
sucesores (¿no es eso lo mismo que sucede con la mierda de grupos que
entrevista el tal Johann en su programa?). Lamentablemente eso no
ocurrió y además de brindarnos un buen puñado de buenos grupos, también
aparecieron muchos otros cuya calidad dejaba mucho que desear. Sin
embargo eso no empaña lo logrado por los Gunners, hoy por hoy la última
gran banda de rock aparecida sobre la tierra (ninguna después ha
alcanzado su nivel de impacto y trascendencia). El secreto de su éxito
es difícil de determinar, más bien se trataría de una serie de
coincidencias, de suma de factores con un resultado mágico. Eso sí, a mí
al menos me parece indudable que hubo dos protagonistas fundamentales
para que Guns N' Roses fueran lo que fueron, se trata de Axl Rose y de Slash.
¿Que cómo extraigo esta conclusión? De comparar la producción de Guns
N' Roses con toda la que han firmado sus miembros fuera de la banda. De
esa comparación se puede extraer que Duff, por ejemplo, sólo firmó un magnífico álbum -el de Neurotic Outsiders-
cuando no llevaba él la única voz cantante del proyecto, y que su
aportación a la franquicia principal fue por el lado más sucio; Stradlin, sin embargo, ponía la pasión por los clásicos del blues y el rock, pero con un sonido muy añejo; y otros, como Gilby Clarke o Matt Sorum
se adaptaron a lo que había sin aportar nada muy personal. De Axl no
hubo lanzamiento al margen de Guns N'Roses, pero es obvio, comparando el
material del grupo con el de sus partes, que Axl era el que ponía el
toque dramático, y el aporte de barroquismo tan característico de la
banda angelina. Y Slash, como no, ponía el hard rock.
Precisamente fue su defensa del hard rock lo que le distanció de Axl en cuanto se pusieron a trabajar en la continuación de The Spaghetti Incident?. Axl, enamorado por entonces del sonido industrial de NIN y
sucedáneos, quería que los derroteros de la banda viraran hacia esa
senda a lo que Slash se oponía. De modo que, mientras el guitarrista
esperaba que las aguas retomaran su cauce, en lugar de disfrutar
plácidamente de los millones que le había reportado el éxito de las
interminables giras mundiales de Use Your Illusion decidió
empezar a dar salida a las melodías que se agolpaban en su mente. Así,
tras hacerse instalar un estudio en su hogar al que llamaría Snakepit,
Slash se encontró de repente junto a Matt Sorum grabando nuevos temas. A
ellos se sumaron poco después un Gilby Clark ya expulsado de Guns N'
Roses, y finalmente el bajista Mike Innez. Ya con Mike Clink -el productor que se encargara ya de ponerse tras la mesa de mezclas en Appetite For Destruction-
en la producción, la banda no tardó en completar suficientes canciones
para un álbum, pero les faltaba un vocalista. Finalmente, tras probar a
más de cuarenta tipos, un amigo le puso una demo de Eric Dover,
A Slash le gustó, y tras invitarle a visitar el estudio y ver que, en
una sola noche ya había compuesto la letra para el tema que le habían
proporcionado, Dover se ganó la plaza vacante. Tras escribir el resto
entre los dos y grabar las voces, el álbum estaba listo.
El 14 de febrero de 1995 veía la luz el debut de Slash's Snakepit (originalmente bautizados como el estudio, aunque renombrados con el nombre del guitarrista por presiones de Geffen). It's Five O'Clock Somewhere
era su título (el guitarrista dijo en su día que la frase se la dio el
camarero del bar de un aeropuerto cuando le pidió un güisqui antes de
las cinco, algo que estaba prohibido, a lo que el camarero respondió, "bueno, deben ser las cinco en alguna parte")
y ya en los primeros compases, notabas que estabas frente a algo que no
era, pese a su origen, una recreación de Guns N' Roses. De primeras Neither Can I
no era un inicio que tratara de impactar a nadie, al menos a nivel
single, pues se trataba de un blues rock oscuro y pesado, con una
excelente factura -y un Eric Dover ya a la suya, mostrando el potencial
de su voz rasgada sin emular a nadie- pero sin ningún artefacto a nivel
de producción. La siguiente Dime Store Rock, firmada
principalmente por Gilby Clark, suponía la primera aportación de corte
más hardrockero, pero para nada dulce, con unos riffs speedicos y
asfixiantes, un estribillo apoteósico, y el primer Slash desbocado
conduciendo el tema hacia la especie de extensa jam con que concluía.
Con Beggars & Hangers-On llegaba el primer single y la
primera canción en la que Slash y Dover trabajaron juntos. Toques de
rock sureño en el inicio, riff redondo, y cambios de tempo constantes la
convierten en un tema más denso -a pesar de su estribillo y final
épicos- de lo que el gran público estaba acostumbrado a escuchar. En el
plano anecdótico cabe señalar que es el único tema del álbum que también
firma Duff McKagan, cuyo nombre sólo aparece otra vez en el libreto en
mitad de una larguísima lista de agradecimientos, lo que alimenta la
idea de que este álbum contenga unos cuantos temas que Slash y algún que
otro compañero tuvieran pensado destinar a una nueva entrega de Guns N'
Roses que nunca llegó.Volviendo a la obra nos encontramos con Good To Be Alive, un tema de hard a la Aerosmith, con cierto toque lisérgico y un nuevo final a modo de improvisación. Más asequible es What Do You Want To Be,
con una línea vocal que te engancha a la primera, y unos riffs marca de
la casa, que van haciendo crecer la canción más y más a medida que
avanza. La letra, a su vez, parece ir con recado. Monkey Chow es
un tema compuesto íntegramente por Gilby Clark y se construye sobre un
solo riff, lo que, en este caso, se traduce en uno de los puntos más
convencionales del trabajo. No obstante es destacable también el hecho
de que Slash le dejara hacer con total libertad. Que Slash es un
discípulo aventajado de Joe Perry en plan bestia, queda de nuevo patente
en Soma City Ward, otro hard rock muy contundente y nada amable,
que deja buena cuenta de que el guitarrista y los suyos estaban
plasmando aquí lo que les salía de las tripas, sin consideraciones con
nadie (claro que esa es una libertad que muy pocos, sólo los más
grandes, se pueden permitir en este negocio). La instrumental Jizz Da Pit,
con inicio en plan hard rock festivo y su final una vez a modo de
improvisación, marcaba una especie de inciso antes de encarar la recta
final, que iniciaba la oscura Lower, un tema enigmático de ritmo
muy pausado y toques psicodélicos, que chocaba de nuevo con un
estribillo muy contundente. La siguiente Take It Away, como What Do You Want To Be,
tratando de dos personas que no se entienden después de una larga
relación (y firmada como aquella, además de por Dover, por Slash y Matt
Sorum), parecía tener de nuevo recado y se revestía de un sonido
hardrockero seco y agresivo. Doin' Fine aportaba el toque vacilón
ausente hasta ahora en el disco, tocando un tema insustancial, aunque a
pesar del estribillo coral pegajoso el tema se servía otra vez con
agresividad, sin edulcorar. Tras ella llegaba el que es para mí el punto
más álgido del disco. Be The Ball, según cuenta Slash, estaba inspirada en la novel Miedo y Asco En las Vegas,
y es todo un ejercicio de hard rock barroco y espectacular, con música y
letra perfectamente enlazadas, merced a sus cambios de ritmo e
intensidad que te conducen por donde quieren como a la bola de pinball a
la que hace referencia su título. Toda una joya para demostrar a qué
cotas de calidad se puede llegar con las prestaciones que permite el
género. Finalmente, no sé si conscientemente o no, el álbum se remataba
de la mejor manera que se podía, con dos canciones que aportaban el lado
más amable de un disco verdaderamente intenso a modo de bocanada de
aire fresco para devolverte sano y salvo a la realidad. I Hate Everybody But You,
ponía el toque divertido, con la línea vocal más asequible del disco y
una letra que, en lugar de decir "te quiero" optaba por la opción menos
pegajosa de admitir el "odio a todo el mundo excepto a ti"; mientras Back And Forth Again,
a modo de mediotiempo épico, que no de balada, ponía el broche final
perfecto con su gradual subida de intensidad y el solo de Slash,
haciendo a su guitarra hablar como muy pocos son capaces de hacer.
El
disco, a pesar de recibir una correcta promoción en los medios -todo el
mundo se enteró de su salida, lo que ni siquiera consiguió en principio
el álbum de Velvet Revolver,
por comparar épocas-, tan solo alcanzó la posición 70 de la lista de
ventas americana, quizás porque, como decía, no se trataba de un álbum
fácil y veía la luz cuando el gran público no demandaba complejidad
sonora y contundencia rockera, sino riffs sucios y poses victimistas. No
obstante, Slash salió en gira a defenderlo, aunque nada más grabarlo
sufriera las bajas de media banda. La base rítmica de Pride & Glory integrada por James Lomenzo al bajo y Brian Tichy
a la batería se encargó de hacer olvidar la partida de Mike Inez y un
Matt Sorum que, paradójicamente, salía para ocuparse de la grabación de
la nueva obra de Guns N' Roses. La banda giró durante cinco meses que
concluyeron oficialmente (porque posteriormente realizaron alguna
actuación puntual) ante la audiencia de la edición del Monsters Of Rock
de Donington 1995 que encabezaban Metallica.
El resto es historia. Slash regresó al seno de los Guns sólo para ser
el primero en abandonarla oficialmente en octubre de 1996 (Duff y Matt
Sorum todavía tardarían un año en dejar el barco), y no fue hasta 1998
cuando decidió retomar el nombre Slash's Snakepit. Fue con nuevos
compañeros de viaje y para grabar un nuevo álbum, esta vez más asequible
aunque no menos magistral, que sentaría, junto con este It's Five O'Clock Somewhere,
un precedente a nivel compositivo que haría posteriormente un flaco
favor al futuro proyecto de Velvet Revolver (si nos ponemos a comparar).
Pero eso lo sabemos tú y yo, y como siempre, es otra historia.
2 comentarios:
Zesotar dijo...
Pedazo de canción. Lo cual no se puede decir del disco, donde no hay temazos, aunque si algunos muy buenos.Me
gusta mucho más Ain't life grand, tiene más jugo y casi todas las
canciones son clásicos. Y sobre todo el cantante está fuera de toda
comparación.
8 de mayo de 2007 21:07
anxlsuperstar dijo...
muchisimo mejor es el aint life grand. este tiene algun tema
destacable pero en general es muy flojo. Ahora lo he conseguido apreciar
más pero en su momento fue una decepcion. de los ex-gunners me quedo con los neurotic, los dos primeros de izzy y el ya citado aint life grand.saludos! buena web!
14 de mayo de 2007 21:31
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