EL FANTASMA DEL PARAÍSO:
GRANDE PALMA (I)

A menudo me pregunto si de aquí a veinte años los críos de hoy en día vivirán obsesionados con alguna de las películas que pueblan la patética cartelera actual. No hay duda que el cine de los 70 queda muy atrás, motivo por el que en esta época de efectos especiales digitales, remakes y bandas sonoras que recopilan los éxitos de la temporada es difícil que surjan films del calibre de Taxi Driver, Star Wars o La Matanza de Texas. Ante este panorama tan triste a uno sólo le queda deleitarse con los clásicos de aquel cine personal de ajustados presupuestos que apostaba por un entretenimiento de calidad. A ese exclusivo grupo de películas pertenece El Fantasma del Paraíso, la Mayor Epopeya del Rock'n'Roll Jamás Contada. Es hora de poner las cosas en su sitio. Ni This is Spinal Tap ni The Rocky Horror Picture Show. Llegó el momento de rendir homenaje a esta perla dirigida por Brian DePalma, la película a medida para quienes tenemos el cerebro enfermo de serie B. Su primer visionado no sólo dañó mi retina de por vida sino que plantó la semilla del Rock'n'Roll en mis entrañas. Los culpables de todo aquel desorden: unas canciones más grandes que la vida, unos personajes más allá del bien y el mal, y todo el espíritu horror-shock de la Alice Cooper Band en unos números musicales sin rival posible.

Un reporteje de Javier Baz

Brian DePalma Según palabras de DePalma todo comenzó un día cualquiera en el interior de un ascensor, cuando del hilo musical brotó una versión muzak de un tema de los Beatles. Esta anécdota germinó en la idea de utilizar en el futuro como banda sonora "una colección de grandes canciones adaptadas a estilos dispares". El paso siguiente fue decidirse a rodar una historia que girase en torno al mundo del Rock. Con esta determinación, una noche se reúne con un par de colegas e inician un brainstorm que concluye con un título de autoría discutible: El Fantasma del Fillmore. La intención era actualizar la obra de Gaston Leroux El Fantasma de la Ópera y sustituir la elegancia de los salones parisinos por la suciedad de los locales de Bill Graham. Esta localización tan exacta supuso el primero de una serie de contratiempos a los que hubo que hacer frente antes de siquiera comenzar el rodaje. Para sorpresa de todos Graham se negó no sólo a que se filmase en las salas sino a ceder el nombre de las mismas, lo que obligó a suprimir del guión cualquier referencia a los locales. Era necesario un cambio de título. La decisión de acortarlo a The Phantom no sentó muy bien a la editorial King Features, puesto que así se conoce una de sus series estrella -en España, El Hombre Enmascarado-. Los abogados de la empresa no tardaron en llevar el asunto a los tribunales, pero la querella se zanjó antes de dictar sentencia con un nuevo cambio de título y un importante gasto en concepto de honorarios.

Tal como veremos, el título no fue el único elemento de conflicto. El libreto, que tiene elementos de obras como Fausto, El retrato de Dorian Gray, Frankenstein y La Bella y la Bestia, toma como base el argumento de la novela Leroux; y fue de mano de los propietarios de ésta, Universal Pictures, de quien recibieron la siguiente demanda judicial una vez finalizado el rodaje. La major, que había producido las tres adaptaciones realizadas hasta el momento, les acusó de plagiar el argumento de la versión rodada en 1962, por lo que hubo que llegar a un acuerdo a fin de evitar detener la distribución del film. Pero la astronómica suma pagada a Universal no devolvió las aguas a su cauce; volverían a crisparse ante la amenaza de un nuevo encontronazo con la Ley. Lo anecdótico del caso es que esta vez detrás del asunto estaban ¡¡ los todopoderosos Led Zeppelin!! Durante la postproducción, con todas las escenas ya rodadas, poco podía imaginar DePalma que a miles de kilómetros de distancia los Zep y su mánager Peter Grant bautizaban su compañía con el mismo nombre que la discográfica que aparece en la cinta, Swan Song. Cuando la noticia copó los titulares de la prensa musical el pánico se extendió entre el equipo de producción, listos para recibir otro revés. Finalmente se optó por la vía rápida: Swan Song pasaría a llamarse Death Records, una alternativa que les supondría retocar a mano, uno por uno, todos los fotogramas en los que aparecía el antiguo anagrama de la discográfica. Pese al esfuerzo realizado, las prisas y la falta de medios fueron insuficientes para lograr un resultado siquiera discreto, por lo que la chapuza fue considerable: cutres letreros sobrepuestos y múltiples planos en los que el antiguo logotipo mantiene su presencia. A mi parecer este cambio de nombre mejoró el resultado final a nivel estético, debido a que también hubo que modificar el logo del sello. El paso de un elegante cisne a un canario muerto con las patas hacia arriba es sustancial. No puedo imaginar la sensación que provocaría la escena del prólogo, con la imagen del logo alejándose en espiral de la cámara, con un cisne en lugar del canario. Todo el efectismo tétrico se iría al garete.

A pesar de tanta adversidad DePalma no se alejaría de la línea trazada. Ya desde el comienzo de su carrera, en lugar de cosechar Oscars como sus compañeros de generación (Spielberg, Coppola, Scorsese...), el director ha estado envuelto en constantes escándalos; desde problemas con la censura a abiertos enfrentamientos con grupos de feministas -una de sus señas de identidad ha sido maltratar a sus protagonistas femeninas, siguiendo la tradición del maestro Hitchcock-, por lo que unos cuantos cortapisas no iban a detener su marcha. No todas las trabas se limitaron a pleitos y demandas. Antes incluso de pisar los platós el engranaje de la industria cinematográfica estuvo en su contra. Productores, estudios y distribuidores parecían seguir un plan maestro con objeto de embarrancar el proyecto, convirtiendo cada pequeño avance en un desafío. En 1969, la primera versión del libreto Ed Pressman en la actualidadde El Fantasma y el borrador de Hermanas pertenecían a Ray Stark, un productor con quien DePalma ya había tenido ocasión de trabajar en Hi, mom, una de sus primeras incursiones en el largometraje. El apoyo demostrado por Stark en un principio fue perdiendo fuelle con el paso de los meses, alargándose la situación durante dos años. Dispuesto a rescatar sus proyectos del limbo, DePalma inició contactos con otros productores en busca de apoyo financiero. Ed Pressman, responsable años después de El Cuervo, Conan el Bárbaro y American Psycho, se encontraba en Toronto cuando recibió una llamada del director, que le puso al corriente de su situación con Stark: el cambio de propiedad de los guiones sólo se llevaría a cabo con dinero de por medio. Cuando DePalma propuso a Pressman que los comprase, éste no pudo más que acceder, entusiasmado tras leerlos.

Con los derechos ya en su haber era cuestión de decidir cual de los dos guiones se llevaría primero a la pantalla. El Fantasma llevaba todas las de perder. A un mayor presupuesto había que añadir un factor de peso: mientras Hermanas es un thriller de fácil digestión, El Fantasma del Paraíso es una locura que mezcla comedia, tragedia, satanismo y Rock, un plato no apto para todos los estómagos. De esta forma, se optó por dar el pistoletazo de salida a Hermanas, que a todas luces suponía un reto de menor envergadura. Corría el año 1971 y el guión de El Fantasma seguiría archivado durante dos años más. Por fortuna, Hermanas resultó un éxito de taquilla, y gracias a los beneficios obtenidos se dio el primer paso para poner en marcha la preproducción de El Fantasma del Paraíso. Antes, Pressman logró asociarse con American International Pictures, la productora de Roger Corman, el hombre que jamás perdió un centavo; hecho que, de entrada, auguraba como mínimo recuperar el dinero invertido. Pero nada más comenzar las negociaciones, AIP reclamó recortes de presupuesto, situación que puso el proyecto otra vez contra las cuerdas. La película era demasiado ambiciosa como para resultar barata, y DePalma, a esas alturas, no estaba dispuesto a hacer concesiones: o se rodaba tal como estaba en su cabeza o no se rodaba. Sin medias tintas. La suerte no tardó en llegar gracias a Gustave Berne, un empresario aficionado al cine dispuesto a arriesgar parte de su capital, que ya contaba en su haber, entre otros títulos, con Asylum, un pequeño film de culto protagonizado por Peter Cushing. Tras un almuerzo con DePalma y Pressman, Berne se comprometió a desembolsar 750000$, cifra más que respetable que animó a AIP a cubrir el resto del presupuesto. La luz brillaba al final del túnel.

Paul WilliamsUna vez con el dinero sobre la mesa había llegado el momento de localizar a las personas que trasladarían la magia del guión al celuloide. Entre el equipo artístico destacan los nombres de Jack Fisk, como director de arte, y su esposa, Sissy Spaceck. Fisk, que ya había trabajado con Pressman en Malas Tierras -el biopic del psycho Charles Starkweather-, dotó al film de un look muy especial, además de diseñar la máscara de pájaro del protagonista y el logo en forma de canario de Death Records -tal vez el pájaro más famoso del rock después del decapitado por Ozzy-. Trabajando codo con codo con él, Sissy Spaceck, ajena al salto a la fama que el mismo DePalma le facilitaría merced a su papel protagonista en Carrie dos años después, llevó a cabo una labor más discreta, pero no por ello menos vistosa, dado que la decoración del plató corrió de su cuenta. El siguiente paso, y tratándose de un musical, era contar con una banda sonora de peso, por lo que contar con un grupo de prestigio se convirtió en la prioridad número uno. Al igual que Antonioni para su film Blow Up, DePalma también pensó en The Who -y en segundo término los Rolling Stones- para que compusiesen la música y apareciesen en las escenas en vivo; pero mientras el director italiano contó con la presencia de los Yardbirds, el escueto presupuesto que manejaba DePalma no permitió hacerse con ninguna de las grandes figuras. Llegó incluso a barajarse la posibilidad de contratar a Sha Na Na, pero afortunadamente, problemas en el seno de la formación les cerraron las puertas. A&M Records fue la discográfica que mayor interés mostró por editar la banda sonora, con el joven ejecutivo Michael Aciaga al frente. Éste, entusiasmado con el proyecto, presentó a DePalma un buen amigo suyo que por aquella época estaba en nómina de A&M en calidad de artista. Su nombre: Paul Williams, actor, compositor, cantante y, según algunos, "el Truman Capote de la canción". Antes de profundizar en el relevante papel que Williams tendría en El Fantasma del Paraíso, es necesario detenerse a recorrer brevemente la carrera de este hombre. Premiado con todos los galardones que concede la industria de la música y el cine gracias a Evergreen -el tema central del remake de Ha nacido una estrella-, empezó su trayectoria musical componiendo algunos de los mayores hits de los Carpenters y escribiendo el corte que ocupa la cara B del single por excelencia del inolvidable Tiny Tim, Tip toe thru the tulips with me. Sus temas han sido versionados por ilustres como Frank Sinatra, Cracker o Grant Lee Buffalo. Debutó en el cine como actor en 1965, y desde entonces nos ha ofrecido interpretaciones en películas como La batalla del planeta de los simios, en la que encarnaba al adorable orangután Vigil, The Doors, y más recientemente, Las reglas del juego. Y un dato para los más curiosos: prestó su voz al Pingüino en la serie animada de Batman.

[... continuará la próxima semana]


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