UN VIAJE CLÁSICO

Empleando la manida frase, hay festivales y festivales. En España concretamente, el pasado año tuvimos un verano interesante, pero el que se nos viene encima no parece dar mucho la talla. De modo que los más osados rockeros tendrán la posibilidad de viajar fuera para encontrar lo que quizá no disfruten aquí. Y si eres de los que nunca has salido de nuestras tierras piénsatelo bien, quizás esta crónica de Javier Loscos y lo que vio y vivió en la reciente edición del Arrow Rock Festival te hagan cambiar de idea.

Un reporteje de Javier Loscos

En primer lugar, quisiera hacer dos apuntes a los comentarios que voy a verter a continuación y que quiero queden claros: primero, esto de los gustos, como todo el mundo sabe, es como los culos, así que a quien no le guste el mío que se mire el suyo; y segundo, lo que hace que esto sea todavía más particular es el hecho de que en mi caso era el primer festival al que asistía y la primera vez que veía a muchas de las bandas que allí actuaron, por lo que deberéis poner mis comentarios en este contexto a la hora de interpretarme, si tenéis a bien.

Dicho esto, puede que algo más sí deba explicar previo al desarrollo de la acción, y me refiero a la particular forma de entender el respeto y la educación por parte de un pueblo, formado en una cuarta parte por inmigrantes, y que, aunque con ramalazos como el del asesinado Pim Fortuyn, es un ejemplo, en muchos sentidos, de civismo y respeto; esto, trasladado al festival-reunión de tribu que allí aconteció, significa que para mi gusto, aquello fue un modelo de organización, y de bien hacer, que enmarca, para mí, una aventura que se iniciaba el sábado 12 de junio cuando un servidor llegaba allí en medio de un estupendo aguacero, completamente cargado con tienda, saco, mochila, etc.

El teatro Majestic de DallasLos primeros en abrir fueron los Ten Years After, aunque sólo los oí de lejos; en cualquier caso, sin Alvin Lee, mi interés por ellos no era excesivo, así que me preparé para ir en condiciones a ver a los siguientes en salir que eran los Y&T (haciendo caso omiso de Plaeto y The Godz, a quienes jamás había oído siquiera nombrar). Meniketti y cía tocaron, como en la mayoría de los casos (para eso es un festival), sus mayores éxitos, Midnight In Tokio, Meanstreak, Summertime Girls, o I Believe In You, y gustaron, dentro de lo que - y esto ya es opinión personal - Y & T pueden llegar a gustar, o sea, bien, pero sin excesos; y es que, ya fuera por la intermitente pero intensa lluvia que, quizás, enfriaba el ambiente, o bien porque Y&T jamás han tenido ni tendrán un apoyo masivo por parte del público, el caso es que -salvo fans acérrimos, y no conocí muchos - para la mayoría sencillamente fue el concierto que abrió el festival, mientras empezábamos a mojarnos por fuera y a empaparnos por dentro (a buen entendedor...).

Para ser sinceros, una de las razones por las que me fui hasta Holanda era ver en directo a la banda que iba a ver a continuación (eso sí, esta vez a cubierto): Eric Burdon & The Animals, y reconozco que me es imposible ser objetivo al respecto. Un grupo que empieza un concierto con el Boom boom de John Lee Hooker, tiene garantizada mi simpatía aunque sea su primer concierto, pero si, sobre todo, tienen canciones como You've Gotta Get Out Of This Place, Don't Let Me Be Misunderstood, The House Of The Rising Sun, o, la que a mí me puso la lágrima en la mejilla que fue It's My Life (en la que un Eric Burdon mayor, pero aun en buena forma, sale -mientras comienzan los primeros acordes- con un cencerro y una baqueta como si fuera el pastor llamando al rebaño), entonces ya no es que me caigan bien, es que la sangre de cualquiera que esté vivo debe correr por las venas como si fuera la primera vez. Y eso sin despojarse de sus gafas de sol, con una fe y un espíritu que aunque quizá no tenga mucho que ver con algunas de las demás bandas, yo creo que sigue siendo en algún sentido la reencarnación de eso que yo al menos entiendo como parte del rock: la rebeldía, el no reblar, el tener 60 años y seguir haciendo lo mismo que con 20, en fin, eso. Quizás esté yo muy equivocado o quizás fue solo fruto de un cúmulo de sensaciones personales, pero para mí, ya sólo por este concierto ya había valido la pena llegar hasta allí.

Entenderéis que con semejante explosión de vida, recién vivida, cuando terminó el concierto y salí a escuchar a Bad Company, otro de los grandes atractivos a priori, para mí, del festival, por más que me daba cuenta de que allí también estaba habiendo feeling, yo venía de muy arriba como para empalmar, y, pese a la circunstancial lluvia, pude oír aún un estupendo Feel Like Making Love, coreado por los que estaban gozando con Paul Rodgers y sus chicos. Posteriormente me dirían que había sido un gran concierto: no lo dudo, sólo lamento no haber podido tener el don de la múltiple ubicuidad en esos momentos. En cualquier caso, yo necesitaba un respiro, y Bad Company se merecían ese público entregado que al final les compensó con un largo aplauso.

Por mi parte, acudí a ver, con una mezcla de curiosidad y de intriga, a esos UFO, mil veces reinventados, ahora casi con la formación original, esto es Phil Mogg a la voz, Paul Raymond a los teclados y Pete Way al bajo, más Vinnie Moore a la guitarra y Jason Bonham a los platos. UFO son un poco para mí, como un cruce entre Thin Lizzy y Whitesnake, bandas ambas que me encantan, y sin embargo, yo no llegué a sintonizar con UFO en este concierto. No dudo que si yo fuera inglés, volviese del trabajo a las 5, y estuviese lloviendo, llegar a casa y escuchar a los UFO sería el paso intermedio antes de cambiarme y bajar a tomar una pinta con mis colegas, pero estas eran otras circunstancias, y fuera por lo que fuera yo no las entendí, aunque debo reconocer haber visto en ese concierto a mucha gente entregada al virtuosismo de Moore o Raymond. Yo lo que más recuerdo es ver la espalda de Mogg. En fin, qué se le va a hacer!

Para cuando terminó el concierto de UFO, Lemmy y los suyos ya estaban montándola en el escenario al aire libre, aunque yo ya había decidido lo que iba a ver aquélla noche, y ni Mötor (a quien ya vi el año pasado) ni Scorpions (a quienes no he visto jamás) estaban entre mis preferencias. Así que me preparé a conciencia para asistir a los dos shows que me esperaban en el pabellón cubierto, ya que no quería perderme detalle ni de la Blue Oyster Cult, ni de Alice Cooper, bandas míticas donde las haya. Blue Oyster Cult tuvieron una actuación llena de problemas técnicos, en especial su bajista Danny Miranda, pero también su guitarrista y cantante Buck Dharma, y, aunque al final hasta se equivocaron en el comienzo de Godzilla, yo creo que estaban ya de tan buen rollo que más que enfadarse se estuvieron riendo un buen rato a costa de su distracción, seguramente absolutamente inesperada por ninguno de los dos: y es que allí el que llevaba el ritmo del concierto en su cabeza era el teclista y también cantante Eric Bloom; con ETI o Shooting Shark, alcanzaron, en mi opinión, los mejores momentos de la noche. No faltaron evidentemente otros clásicos como Cities On Flame With Rock And Roll, el nombrado Godzilla, Burning For You, Don't Fear The Ripper… Aun así, yo eché de menos In Thee, clasicazo, para mí, que se quedó en el tintero. Con todo, un concierto inolvidable, en especial por la dificultad de oír estas canciones tocadas por sus autores encima de un escenario a estas alturas (muchos de estos grupos americanos vienen a Europa en contadas ocasiones a lo largo de su carrera). Recordar por último, la elegancia y versatilidad de Buck Dharma a la guitarra, así como la ausencia de Allen Lanier, a quien se presentaba en los folletos y que finalmente no apareció.

Así que iba pasando el tiempo, y allí estaba yo, bien pretrechado, y en primera fila esperando ver en vivo a una de esas leyendas de las que uno oyó hablar por vez primera hace unos 20 años, y que, sin duda, cualquiera hubiera querido ver en los primeros 70. Aún así, Alice es el espectáculo en sí mismo, y el show, aunque decae por el mero hecho de la dificultad de llegar a donde llegaba con su voz en tiempos (qué pena no poder oír ese descenso a los infiernos hecho sucesión de gritos del "I gotta get out of here" de la balada de Dwight Fry ) sigue siendo EL show; no hay ni hubo al menos entre lo que allí se vió, show igual, ni parecido; la guillotina, la boa constrictor, el látigo, la rubia (su hija, por cierto), la muñeca rubia... desfilaron por el escenario al son de sus clásicos de toda la vida: I'm Eighteen, Killer, Billion Dollar Babies, Hello Hooray, en fin, todas, excepto Elected, y Hey Stoopid; de hecho yo creo recordar que no tocó ni el Novocaine de su último disco The Eyes of Alice Cooper, y sólo el primero de los bises, el conocido Poison, nos recordó su etapa más reciente. En fin, qué os voy a contar: un lujazo estar allí en primera fila viendo a la jodida Alicia y sus chicos, banda, por cierto, tan competente como físicamente resultona (parecían los NYDolls).

Así que cuando terminó Alice Cooper, yo estaba ya, debo reconocerlo, exhausto por las emociones vividas, pero evidentemente no me iba a quedar sin ver a los Padrinos del Metal, los Judas Priest, que con la formación original, habrán tocado este fin de semana en Valencia. Opiniones para todos los gustos, seguro; para el mío, en fin, que no es lo mismo ir a ver a un montón de grupos y al final los Judas, que terminar de ver un montón de bandas enormes y luego ver a los Judas. En cualquier caso, como siempre, cayeron los clásicos Painkiller, Freewheel Burning, Living After Midnight, Breaking The Law (que la semana anterior no le había podido oír en directo al cachondo de Manolo Kabezabolo en su versión Véndemelo), etc. mientras la peña consumaba su comunión con el máximo sacerdote, Rob Halford. Aun así, lo que más se me quedó fue la falta de movilidad de los Judas en el escenario; y la verdad es que, como la mía tampoco estaba muy allá ya a esas horas, lo reconozco, me fui antes de que acabaran, aunque aún tuve tiempo de ver, al comienzo de los bises, el numerito de la moto y de oír, ya de camino a la tienda, el United, con el que cerraron, supongo que en pleno orgasmo metálico, su paso por el festival.

Sinceramente, el domingo no me interesaban más que dos bandas: Heart y Queensryche. Sin embargo, dado que el tiempo había mejorado y que, en éstas, yo había conocido a una encantadora peña de Bilbo (un abrazo, locos!), tirarnos en el suelo y oír a Caravan y a Iron Butterfly fue todo uno, aunque no recuerdo muy bien si llegué a escucharlos efectivamente; en cualquier caso, buen recuerdo de ellos, ya que en domingo a las 3 y media - 4 de la tarde tampoco me planteaba estar en primera fila: digamos que hicieron su papel.

No me perderé mucho más en divagaciones, porque lo del domingo fue rápido: Heart tuvieron también sus buenos momentos, particularmente en el These Dreams, y en el bis, el Rock & Roll de Led Zeppelín, que, a decir verdad, aunque me duela un poco, fue lo único que despertó un poco a la peña, porque yo no sé si es que había muchas canciones que no conocía la peña (juraría que oí alguna de las nuevas, concretamente The Oldest Story In The World, y sin embargo, ni siquiera tocaron el All I Wanna Do) o es que tardecita de domingo a las 5 de la tarde y al sol... pero el caso es que, a pesar de su calidad, que por supuesto no discuto, quizás faltó algo de rock and roll en su concierto. No lo sé, pero se me quedó una espina a clavada con ese concierto, que va a ser difícil de sacar. Ya se ha dicho antes algo al respecto, y dudo que las veamos por España.

Lamentando no poder oir a Golden Earring, volvimos al escenario a la hora en que iban a tocar Queensryche. No dudo de que tanto Fish como el G3 se merecían tener espectadores motivados, por lo que en su caso ya no lo sentí tanto. De todos modos, por lo que me comentaron después, al menos, lo del Robert Fripp fue algo así como a canción por cuarto de hora, así que debió tocar tres o cuatro, y, la verdad, a mí eso como que no me entra, qué se le va a hacer! En cualquier caso, lo sorprendente en el caso de Queensryche es que sólo tocaron temas del Operation Mindcrime, lo cual no está mal, pero vamos, como que si es el único disco suyo que no has oído (cosa, por otro lado, inexplicable) puedes quedarte un poco con cara de tonto. Eso sí, era como estar escuchando el disco, ni más ni menos; hombre, todo hay que decirlo, hubiera sido preferible con De Garmo, pero el que le sustituía no lo hizo mal, aunque yo estoy convencido de que con De Garmo igual hubiese sido algo más espectacular el asunto. Yo no sé, vale que el Operation sea un gran disco, pero hacer un concierto de una hora de un solo disco, desde luego no es habitual; en cualquier caso, yo me entregué y lo gocé, seguramente, más que ellos. Pero eso ya es otro cantar.

Y en fin, sin especiales ganas de ver a los Yes ni de ver a Satriani y compañía, me fui marchando hacia el camping, de vuelta a casa, tras un fin de semana superintenso, y que os recomiendo vivamente si el año que viene vuelven a hacer un buen cartel. Supongo que a lo largo del verano muchos iréis viendo o habréis visto ya a alguna de las bandas que he nombrado, y quizá coincidamos o quizá no, pero de todos modos, espero que lo disfrutéis tanto como yo lo hice. Salud y suerte!



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