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lunes 24 de marzo de 2008

Clásicos: BLACK STONE CHERRY. Black Stone Cherry

Un clásico. Ha costado llegar hasta aquí. ¿Qué era un clásico en Rock Trip cuando empezó a funcionar a principios de esta década? Entonces, en la mayoría de los casos, era la reivindicación de un disco olvidado. A los que escribían conmigo nos gustaba -especialmente- el hard rock y por entonces nadie daba un cuarto por él. Escribir sobre Slaughter o White Lion era una rareza; reivindicar a Johnny Crash o The Scream, una excentricidad. Pero eso ha cambiado en muy poco tiempo y las facilidades que da internet para que la información -y la música- fluya, han hecho prescindible ese rescate de discos (muchos lo siguen haciendo) e incluso se ha sobredimensionado, hasta el punto de que en muchos sitios parece que cualquier tiempo pasado fue mejor. Y además aquella reivindicación solía, en muchos casos, venir acompañada de un mensaje: que la mayoría de los discos rescatados eran únicos y especiales precisamente por el hecho de que, además de ser buenos, casi nadie les había hecho ningún caso en su día. Pues bien, tratando de recoger esa esencia por fin me he decidido a reivindicar un clásico, aunque como sucedió en algún caso puntual en el viejo RT, éste no tenga más de dos años. ¿Pero no es un clásico al fin y al cabo? ¿Uno de esos discos que tiene toda la pinta de acompañarte siempre? A mí sinceramente me parece que sí. Y por eso su portada acompaña, en tamaño extra, el inicio de este texto.

Black Stone Cherry o el debut homónimo del cuarteto de Kentucky que posa en el frontal de su carpeta llegó hasta mí de una forma extraña. Recuerdo haber visto su primer vídeo promocional antes de que saliera el álbum a la venta, enlazarlo desde la vieja web, y después acordarme de ellos tiempo después de la publicación del disco en los States (que fue en verano del 2006). Si se llegó a publicar aquí o no, lo desconozco, pues el Ruta 66 lo reseñaba hace tan sólo un par de meses (sin darle excesiva importancia, para mi sorpresa), algunas webs lo destacaron entre lo mejor del pasado 2007 -fecha del copyright de la edición que poseo-, y Roadrunner, su sello, puede presumir de ser la discográfica internacional que peor trata a sus lanzamientos en media Europa en general y en España en particular. Así pues, hasta meses después de su salida, no me hice (cómo no, vía USA y dólar devaluado) con esta joya que nada, absolutamente nada, tiene que envidiar a cualquier debut de los grandes del rock que tengáis en vuestras casas.

Y es que estos cuatro chavales con la misma edad que la que tenían nuestros viejos ídolos cuando empezaron, han grabado un disco sólido, sin un tema de más y bastantes bombazos, con un sonido que, si bien no es nuevo, sí es personal y lo suficientemente original como para sorprender a propios y extraños. Lynyrd Skynyrd, Metallica, Soundgarden, Pearl Jam son las referencias más comunes que se les han atribuido, aunque si yo tuviera que elegir un álbum con el que entroncar este debut de Black Stone Cherry sería aquella joya que grabó a mediados de los noventa Zakk Wylde bajo el nombre de Pride & Glory. Y es que éste, como aquél, funde en una alquimia perfecta el sonido tradicional sureño con el metal más candente, consiguiendo una colección de temas en los que ambos mimbres se funden de modo desigual, pero sin renunciar en ningún momento a su naturaleza bastarda (algo que en muchas críticas se ha utilizado para descalificarlos por puristas de uno u otro signo, pero que a mí francamente me parece la salsa de su música).


Ya el inicio de Rain Wizard, abriendo el disco con un oscuro riff sobre un ritmo galopante que se rompe con un grito rasgado de Chis Robertson (¡qué voz!) anunciando la lluvia, señala la que se viene encima, pues aunque el tema es melódico y, quitándole los artificios, constituyera una correcta tonada sureña, son todos los redobles de bombo, los acordes abiertos y los riffs infecciosos (además del primer solo brillante de los muchos que glosan el álbum), los que imprimen el sello personal al tema y lo elevan a un punto notable. Tras ella, el metal gana terreno en Backwoods Gold, que reincide en los riffs infecciosos y en un ritmo de cadencia muy rápida, antes de que todo salte por los aires en la excelente Lonely Train, certeramente elegida como primer single, y que supone un ejemplar resumen del sonido de Black Stone Cherry: contundencia (la base rítmica de Jon Lawhon y John Fred Young es excepcional), líneas vocales muy cuidadas y perfectamente entonadas (dobladas en este caso a dos voces para aportar el toque sureño), solos parlantes y un estribillo de los que son difíciles de olvidar (You can't judge a book, looking at the cover / You can't love someone, messing with another / You can't win a war, fighting with your brother / You wanna have peace, gotta love one another). Pero el nivel no decae especialmente tras ella, pues tanto surgen temas más amables como Maybe Someday, o más clásicos como Crosstown Woman, que constituyen la traslación metálica más directa de un convencional tema de southern rockcomo se construyen otros en los que el rock más duro o el más enraizado en la cultura americana se reparten el terreno, distando el resultado finbal siempre del mero relleno (versión bruta del Shapes Of Things de los Yardbirds incluida). Es en este sentido en el que es innegable que el cuarteto no sólo domina el arte de repartir caña (escúchese Violator Girl para más señas), sino que también, sin caer en la fácil balada, son capaces de construir canciones exprimiendo su vertiente más melódica. Así componen la convencional -en otros tiempos, eso sí, que ahora no es fácil escuchar algo así- pero efectiva Hell And High Water (vídeo), en la que de nuevo cabe destacar los brillantes solos de Ben Wells y el mismo Robertson; la emotiva y más purista Tired Of The Rain con Reese Wynans metiendo su hammond, y la épica Rollin' On poniendo un final estupendo al álbum merced a unas melodías de esas que crecen elevándote hasta el mismo cielo.

Todo eso está contenido en su álbum de debut. No hay leyendas, no hay noticias de prensa rosa del metal, sólo, por ahora, un grupo de cuatro jóvenes que rockean muy duro y que, si venden mucho y llenan allá donde van, seguramente acabarán ocupando portadas, pero que por lo pronto sólo ocupan, en el mejor de los casos, sitios residuales como éste. Pero eso no resta no un ápice de valor a su disco, brillantemente producido por Richard Young -padre del batería- y el ingeniero David Barrick, y mezclado por el artesano Kevin Shirley para que suene como una bomba. Es lo que hay, sin más misterios más allá de lo que cuesta, pese a ser reciente, encontrarlo en una tienda no especializada de este país. Y con todo, para mí, tan clásico o más que el resto que de los que hemos hablado. Por lo pronto este verano andarán por Europa, entre otras cosas, abriendo la gira conjunta de Whitesnake y Def Leppard. Y qué queréis que os diga, a día de hoy, de ese cartel, yo iría por ellos.



lunes 22 de octubre de 2007

Clásicos: D.A.D. No Fuel Left For The Pilgrims. (Warner Bros. Records)

Este "clásico" se publicó en RT1.0.

Me encanta el grado de complicidad que se puede lograr a través de una sección como esta de clásicos. Igual un día te permites el lujo de reivindicar la valía de grupos como Poison o Slaughter, que otro recuperas discos memorables e injustamente olvidados de formaciones que corrieron la misma suerte como The Four Horsemen o Little Caesar, al tiempo que mezclas en un mismo espacio a bandas tan dispares como Bon Jovi y Turbonegro. Sí, lo fácil sería cubrir la papeleta con álbumes de Iron Maiden o AC/DC pero no sería igual de gratificante. ¿Qué contaríamos de nuevo de cualquiera de sus grandes discos? ¿De qué serviría? Todos empezamos con ellos y hemos oído cientos de veces, merced a la poca originalidad de nuestros locutores de radio y nuestros periodistas especializados, lo que rodeó sus grabaciones. Por eso me sentía desalentado hace unos días cuando empecé a trabajar en un clásico que, siéndolo, me parecía que resultaba bastante obvio y todavía bastante reputado. Sin embargo se me cruzó éste en el camino y todo cambió. ¿Quién se acuerda ahora de D.A.D? Pocos. ¿Fueron todos sus discos buenos? Ni mucho menos. Pero, ¿el que tenga este No Fuel Left For The Pilgrims lo hará sonar de nuevo en su casa o en su coche y volverá a disfrutar de su grandeza cuando lea esto? Seguro que sí. Y si algún chaval se atreve a buscar sus temas por internet o hacerse con el disco, pues mejor que mejor.

Efectivamente, D.A.D ya no suenan (musicalmente hablando) como antes, ni siquiera sonaban en este álbum igual que lo hacían en los que les precedieron, pero con No Fuel Left For The Pilgrims lograron el sonido que les convirtió en uno de los grandes del hard rock europeo en ese periodo mágico que tuvo lugar en el ocaso de los ochenta y principios de los noventa, y en una banda que todavía despierta el cariño y el respeto de muchos de nosotros. Considerado por muchos como el álbum de debut del cuarteto danés, lo cierto es que antes de que No Fuel Left For The Pilgrims viera la luz, D.A.D ya disfrutaban de una destacada reputación en su país natal merced a dos trabajos previos editados por una discográfica independiente. Y fue a través de ella como se publicó también por primera vez este disco, aunque el paso de su iniciático y ambiguo country pop oscuro y rudimentario al hard rock brillante y cargado de sarcasmo de su nuevo álbum propició que los ojeadores de Warner, que ya se habían fijado en ellos por su éxito, decidieran ficharlos para editar éste y sus posteriores trabajos a nivel internacional. Así, en 1989, Disneyland After Dark -que es como se llamaba la banda hasta que la Disney impidió que existiera una banda con tan mágico y al tiempo macabro nombre (algo así como "Disneyland al anochecer")- dieron el salto internacional ya bajo las siglas de D.A.D. Sleeping My Day Away abría el álbum con su mítico punteo y su letra reivindicando la vida nocturna en la típica actitud de la banda de los hermanos Binzer (la formación la componían Jesper Binzer a la voz y la guitarra, su hermano Jacob a la guitarra solista, el loco de Stig Pederson al bajo y Peter Jensen a la batería) con la que nunca acababas de saber si hablaban completamente en serio. Este factor, que les hacía únicos, se enfatizaba en la siguiente Jihad (de cuyo estribillo extrajeron el título del álbum), en la que se reflejaban con sarcasmo la crisis de oriente próximo que desembocaría en la guerra del golfo a través de todo un himno. Y es que D.A.D eran realmente únicos. ¿Cómo si no hablaban de una relación desde un punto de vista tan freak como lo hacían en Point Of View -poniéndose en la piel de un tipo con el ego disparado- o titulaban un tema ZCMI aunque no significara nada simplemente porque sonaba bien? Eso sí, podían ser los más heavies, como se reflejaba en Rim Of Hell, una especie de adelanto al Razors Edge de AC/DC, o en True Beliver, un tema en el que no sabías si hacían una oda o se reían de los integristas del lado salvaje. Pero cuando demostraban que estaban completamente sembrados era en himnos como la inigualable Girl Nation, temazo en el que reivindicaban una sociedad gobernada por mujeres para solucionar todos los problemas. Tras ella, Lords Of The Atlas les servía para narrar un viaje de ácido, Overmuch para sacar su vena más AC/DC y explotar esa voz de carajillero medio borracho que convirtió a Jesper en el cantante más adecuado para la banda (hasta este disco había compartido dicha función con Stig Pederson), o Siamese Twins para seguir jugando con los tabúes (estos no hablaban de relaciones con gemelas como hacía Warrant, sino con siamesas). Ya en la recta final Wildtalk era otro hit en el que daban un repaso a todos los "comeorejas", antes de despedirse con la broma final de la frenética Ill Will.

Con un producto tan diferenciado, resultado de una música francamente buena y unas letras excepcionales, a nadie se le ocurrió pensar que la jugada de la Warner por hacerse con ellos fuera mala, pero el resultado -como en tantas otras ocasiones sucedió cuando se trató de exportar una banda europea a los Estados Unidos- no fue satisfactorio. No Fuel Left For The Pilgrims fue un relativo éxito en Europa, dónde la banda se ganó una buena legión de fans, pero en los States, objetivo primordial de la compañía, no pasaron del puesto 116 del Billboard. No obstante la banda insistió en la formula en su siguiente y también celebrado -por nosotros, sus fans- Riskin' It All, pero el nuevo pinchazo al otro lado del Atlántico y la crisis que sufrió Warner en aquellas fechas acabó por perjudicar a una banda que vió frenada su lenta pero ascendente carrera. Tuvieron que pasar cuatro años hasta que viera la luz un nuevo trabajo de los daneses (ya en EMI) que, siempre abiertos a cualquier tipo de música pero reacios a renunciar a su sarcasmo, eligieron otra vía del rock menos festiva para sacar a relucir sus brillantes letras. Quizás D.A.D sean más perdedores que ganadores, pero echando la vista atrás a las páginas más inolvidables de la historia del rock, uno se da cuenta de que muchas de ellas están escritas por bandas como la suya, y con discos tan memorables como éste.

miércoles 22 de agosto de 2007

Clásicos. MÖTLEY CRÜE with Neil Strauss. "The Dirt. Confessions Of The World's Most Notorious Rock Band" (HarperCollins Publishers)

Este clásico no suena y, al contrario de muchos de sus predecesores, sí supuso todo un éxito. Seguramente todos sepáis que este The Dirt es ni más ni menos que la célebre autobiografía que Mötley Crüe publicaron en 2001 con la ayuda del periodista Neil Strauss (que ya había ayudado a Marylin Manson a hacer lo propio con su Long Hard Road y posteriormente conocería la fama internacional con su obra El Método), y posiblemente muchos de vosotros también la hayáis leído ya. A mí la obra me acompañó intacta -cosas de coleccionista- en una estantería desde que me hice con ella hará un par de años en Amazon, y no fue hasta antes de partir hace unos días de vacaciones cuando decidí que sería una de las elegidas para acompañarme. Las expectativas, después de lo mucho que se ha hablado de ella eran muchas, pero he de reconocer una vez leída, que las ha cumplido todas.

Dejando a un lado el handicap que supuso para mí perder algunos detalles por leerla en su inglés original -no está traducida al castellano, no sé si porque su editora original y la banda pedían mucho por los derechos de la obra o porque los editores españoles tienen un olfato comercial lamentable-, lo primero que llama la atención de The Dirt es su original estilo narrativo. He de confesar que no soy lector habitual de biografías, pero por lo que respecta a las de músicos o grupos, suelen ser una acumulación de datos biográficos repartidos a lo largo de la sucesión de hechos que marcaron sus carreras. Ésta en cambio, no es así. The Dirt, dividida en una docena de partes que suponen otras etapas significativas en la vida de la banda, aparece relatada por los propios integrantes de la banda -obviamente, con casi total seguridad ni uno de ellos escribió una sola línea- en primera persona, y no repasa detalladamente cada una de sus giras, conciertos y grabaciones; sino momentos puntuales en su trayectoria que ayudan a determinar sus personalidades y las de la banda en sí, así como a marcar situaciones que luego tendrán sus efectos y consecuencias.

El ritmo es, además, espectacular, pues en numerosas ocasiones a lo largo de la obra los miembros dan visiones contrapuestas de los mismos sucesos; e incluso, cuando alguna insinuación de Sixx, Neil, Lee o Mars afecta gravemente a un tercero, el libro da la oportunidad a éste, en un nuevo apartado, a dar su réplica. A su vez, un buen número de anécdotas o detalles que se van vertiendo a lo largo de la obra, regresan, se retoman o se recuerdan en los capítulos finales, con lo que a pesar de tratarse de una biografía parcial -pues la historia de la banda continúa- el libro transmite una sensación de obra conclusa.

Y si a nivel formal The Dirt raya muy alto, en lo que respecta al contenido poco se puede reprochar. Difícilmente otra banda haya llegado a semejantes cotas de depravación como en su día lo hizo Mötley Crüe, y ésta se ve reflejada en las páginas del libro, especialmente en su primera mitad, en la que nos encontramos a unos músicos confesando haber cometido actos aberrantes en los inicios de su carrera, algunos de los cuales forman ya parte de la mitología popular. En ella casi cobran más protagonismo sus actos que su obra, en la que no se profundiza -a modo de explicar su gestación- hasta entrado Dr. Feelgood. En este sentido llama incluso la atención como algunos miembros critican sus propios discos, señalando como, en el caso de los primeros (recuerdo especialmente como Nikki carga contra Theater Of Pain), si no hubieran tenido la fortuna de contar con sus hit singles, podrían haber acabado con sus carreras.

Y es que The Dirt es todo menos autocomplaciente. Sí, quizás desde la distancia parezca que la Crüe todavía celebre, con sólo mentarlas, las barbaridades que realizaron en su juventud y les hicieron célebres; pero la misma elaboración del libro da una imagen de sus integrantes -que como dije relatan por turnos la historia en primera persona- que seguramente no fuera del todo de su agrado. El caso más notable es el de Tommy Lee, cuyos textos plasman su forma de hablar pretendidamente cool y ridícula, además de reflejar su enorme ego. En el lado opuesto podría situarse Mick Mars, el miembro más introvertido y, al tiempo, el que cuenta las cosas sólo con las palabras necesarias, suscitando con sus historias de continua derrota la compasión del lector. Mientras, Sixx lleva el peso principal del relato -reflejando su estatus de cerebro de la banda- y Neil sale reflejado como el orgulloso cockrocker que es (espectaculares sus comentarios de Lee al final del libro).

No obstante, anécdotas al margen y a pesar de su apariencia, el libro no es sino una perfecta proyección de la imagen que de sí quiere dar la banda. Elaborado -por lo que he podido indagar- a través de numerosas entrevistas a sus protagonistas y personas cercanas, debió ser Strauss el que reconstruyera por escrito las historias que cuenta cada miembro del grupo (Lee, ya fuera de la banda, tardó en conceder las suyas, retrasando la salida del libro y posibilitando la inclusión de algún giro final como el del trágico reencuentro de Sixx con su desconocida hermana) y dotara a cada personaje de su personalidad a través de plasmar por escrito sus modos y maneras de hablar o mostrarse.

Pese a ello el resultado no deja de ser fantástico y se me antoja difícil que en un futuro cercano podamos encontrarnos con otro libro que plasme de un modo tan espectacular, no sólo la historia de una banda de rock, sino los entresijos de la industria del entretenimiento y los riesgos que comporta el éxito, especialmente si éste recae en un grupo de personajes tan desequilibrados como Mötley Crüe. Completamente imprescindible.

PD: Si os pica la curiosidad, el gran blog El Loco Mundo De Los Jóvenes publicó dos entradas en las que tradujo sendos fragmentos del libro (podéis acceder pinchando aquí y aquí).

PD2: Ayer mismo se publicó en los States la banda sonora (¿?) que Nikki Sixx ha grabado para su nueva biografía The Heroin Diaries, escrita a la estela del éxito de The Dirt, aunque es fácil aventurar que los resultados quedarán a una gran distancia.