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lunes 22 de octubre de 2007

Clásicos: D.A.D. No Fuel Left For The Pilgrims. (Warner Bros. Records)

Este "clásico" se publicó en RT1.0.

Me encanta el grado de complicidad que se puede lograr a través de una sección como esta de clásicos. Igual un día te permites el lujo de reivindicar la valía de grupos como Poison o Slaughter, que otro recuperas discos memorables e injustamente olvidados de formaciones que corrieron la misma suerte como The Four Horsemen o Little Caesar, al tiempo que mezclas en un mismo espacio a bandas tan dispares como Bon Jovi y Turbonegro. Sí, lo fácil sería cubrir la papeleta con álbumes de Iron Maiden o AC/DC pero no sería igual de gratificante. ¿Qué contaríamos de nuevo de cualquiera de sus grandes discos? ¿De qué serviría? Todos empezamos con ellos y hemos oído cientos de veces, merced a la poca originalidad de nuestros locutores de radio y nuestros periodistas especializados, lo que rodeó sus grabaciones. Por eso me sentía desalentado hace unos días cuando empecé a trabajar en un clásico que, siéndolo, me parecía que resultaba bastante obvio y todavía bastante reputado. Sin embargo se me cruzó éste en el camino y todo cambió. ¿Quién se acuerda ahora de D.A.D? Pocos. ¿Fueron todos sus discos buenos? Ni mucho menos. Pero, ¿el que tenga este No Fuel Left For The Pilgrims lo hará sonar de nuevo en su casa o en su coche y volverá a disfrutar de su grandeza cuando lea esto? Seguro que sí. Y si algún chaval se atreve a buscar sus temas por internet o hacerse con el disco, pues mejor que mejor.

Efectivamente, D.A.D ya no suenan (musicalmente hablando) como antes, ni siquiera sonaban en este álbum igual que lo hacían en los que les precedieron, pero con No Fuel Left For The Pilgrims lograron el sonido que les convirtió en uno de los grandes del hard rock europeo en ese periodo mágico que tuvo lugar en el ocaso de los ochenta y principios de los noventa, y en una banda que todavía despierta el cariño y el respeto de muchos de nosotros. Considerado por muchos como el álbum de debut del cuarteto danés, lo cierto es que antes de que No Fuel Left For The Pilgrims viera la luz, D.A.D ya disfrutaban de una destacada reputación en su país natal merced a dos trabajos previos editados por una discográfica independiente. Y fue a través de ella como se publicó también por primera vez este disco, aunque el paso de su iniciático y ambiguo country pop oscuro y rudimentario al hard rock brillante y cargado de sarcasmo de su nuevo álbum propició que los ojeadores de Warner, que ya se habían fijado en ellos por su éxito, decidieran ficharlos para editar éste y sus posteriores trabajos a nivel internacional. Así, en 1989, Disneyland After Dark -que es como se llamaba la banda hasta que la Disney impidió que existiera una banda con tan mágico y al tiempo macabro nombre (algo así como "Disneyland al anochecer")- dieron el salto internacional ya bajo las siglas de D.A.D. Sleeping My Day Away abría el álbum con su mítico punteo y su letra reivindicando la vida nocturna en la típica actitud de la banda de los hermanos Binzer (la formación la componían Jesper Binzer a la voz y la guitarra, su hermano Jacob a la guitarra solista, el loco de Stig Pederson al bajo y Peter Jensen a la batería) con la que nunca acababas de saber si hablaban completamente en serio. Este factor, que les hacía únicos, se enfatizaba en la siguiente Jihad (de cuyo estribillo extrajeron el título del álbum), en la que se reflejaban con sarcasmo la crisis de oriente próximo que desembocaría en la guerra del golfo a través de todo un himno. Y es que D.A.D eran realmente únicos. ¿Cómo si no hablaban de una relación desde un punto de vista tan freak como lo hacían en Point Of View -poniéndose en la piel de un tipo con el ego disparado- o titulaban un tema ZCMI aunque no significara nada simplemente porque sonaba bien? Eso sí, podían ser los más heavies, como se reflejaba en Rim Of Hell, una especie de adelanto al Razors Edge de AC/DC, o en True Beliver, un tema en el que no sabías si hacían una oda o se reían de los integristas del lado salvaje. Pero cuando demostraban que estaban completamente sembrados era en himnos como la inigualable Girl Nation, temazo en el que reivindicaban una sociedad gobernada por mujeres para solucionar todos los problemas. Tras ella, Lords Of The Atlas les servía para narrar un viaje de ácido, Overmuch para sacar su vena más AC/DC y explotar esa voz de carajillero medio borracho que convirtió a Jesper en el cantante más adecuado para la banda (hasta este disco había compartido dicha función con Stig Pederson), o Siamese Twins para seguir jugando con los tabúes (estos no hablaban de relaciones con gemelas como hacía Warrant, sino con siamesas). Ya en la recta final Wildtalk era otro hit en el que daban un repaso a todos los "comeorejas", antes de despedirse con la broma final de la frenética Ill Will.

Con un producto tan diferenciado, resultado de una música francamente buena y unas letras excepcionales, a nadie se le ocurrió pensar que la jugada de la Warner por hacerse con ellos fuera mala, pero el resultado -como en tantas otras ocasiones sucedió cuando se trató de exportar una banda europea a los Estados Unidos- no fue satisfactorio. No Fuel Left For The Pilgrims fue un relativo éxito en Europa, dónde la banda se ganó una buena legión de fans, pero en los States, objetivo primordial de la compañía, no pasaron del puesto 116 del Billboard. No obstante la banda insistió en la formula en su siguiente y también celebrado -por nosotros, sus fans- Riskin' It All, pero el nuevo pinchazo al otro lado del Atlántico y la crisis que sufrió Warner en aquellas fechas acabó por perjudicar a una banda que vió frenada su lenta pero ascendente carrera. Tuvieron que pasar cuatro años hasta que viera la luz un nuevo trabajo de los daneses (ya en EMI) que, siempre abiertos a cualquier tipo de música pero reacios a renunciar a su sarcasmo, eligieron otra vía del rock menos festiva para sacar a relucir sus brillantes letras. Quizás D.A.D sean más perdedores que ganadores, pero echando la vista atrás a las páginas más inolvidables de la historia del rock, uno se da cuenta de que muchas de ellas están escritas por bandas como la suya, y con discos tan memorables como éste.

martes 8 de mayo de 2007

Clásicos. SLASH'S SNAKEPIT. It's Five O'Clock Somewhere (Geffen)

Todavía me sorprendo al ver a imbéciles como el presentador de MTV España Johann Wald hacer chanzas sobre Guns N'Roses al tiempo que pone cara circunspecta ante la estupidez comentada por cualquier invitado de su espacio Fiber. Es el signo de los tiempos, la estulticia es osada y además tiene premio, en este caso ganarse un sueldo contagiándola a través del tubo catódico. Sin embargo ahí están las pruebas. Sí, a raíz del éxito de Guns N' Roses y otros grupos similares, los años finales de los ochenta y principios de los noventa se llenaron de bandas estéticamente clónicas de los gunners cazadas por discográficas con ansias de dar con sus sucesores (¿no es eso lo mismo que sucede con la mierda de grupos que entrevista el tal Johann en su programa?). Lamentablemente eso no ocurrió y además de brindarnos un buen puñado de buenos grupos, también aparecieron muchos otros cuya calidad dejaba mucho que desear. Sin embargo eso no empaña lo logrado por los Gunners, hoy por hoy la última gran banda de rock aparecida sobre la tierra (ninguna después ha alcanzado su nivel de impacto y trascendencia). El secreto de su éxito es difícil de determinar, más bien se trataría de una serie de coincidencias, de suma de factores con un resultado mágico. Eso sí, a mí al menos me parece indudable que hubo dos protagonistas fundamentales para que Guns N' Roses fueran lo que fueron, se trata de Axl Rose y de Slash. ¿Que cómo extraigo esta conclusión? De comparar la producción de Guns N' Roses con toda la que han firmado sus miembros fuera de la banda. De esa comparación se puede extraer que Duff, por ejemplo, sólo firmó un magnífico álbum -el de Neurotic Outsiders- cuando no llevaba él la única voz cantante del proyecto, y que su aportación a la franquicia principal fue por el lado más sucio; Stradlin, sin embargo, ponía la pasión por los clásicos del blues y el rock, pero con un sonido muy añejo; y otros, como Gilby Clarke o Matt Sorum se adaptaron a lo que había sin aportar nada muy personal. De Axl no hubo lanzamiento al margen de Guns N'Roses, pero es obvio, comparando el material del grupo con el de sus partes, que Axl era el que ponía el toque dramático, y el aporte de barroquismo tan característico de la banda angelina. Y Slash, como no, ponía el hard rock.


Precisamente fue su defensa del hard rock lo que le distanció de Axl en cuanto se pusieron a trabajar en la continuación de The Spaghetti Incident?. Axl, enamorado por entonces del sonido industrial de NIN y sucedáneos, quería que los derroteros de la banda viraran hacia esa senda a lo que Slash se oponía. De modo que, mientras el guitarrista esperaba que las aguas retomaran su cauce, en lugar de disfrutar plácidamente de los millones que le había reportado el éxito de las interminables giras mundiales de Use Your Illusion decidió empezar a dar salida a las melodías que se agolpaban en su mente. Así, tras hacerse instalar un estudio en su hogar al que llamaría Snakepit, Slash se encontró de repente junto a Matt Sorum grabando nuevos temas. A ellos se sumaron poco después un Gilby Clark ya expulsado de Guns N' Roses, y finalmente el bajista Mike Innez. Ya con Mike Clink -el productor que se encargara ya de ponerse tras la mesa de mezclas en Appetite For Destruction- en la producción, la banda no tardó en completar suficientes canciones para un álbum, pero les faltaba un vocalista. Finalmente, tras probar a más de cuarenta tipos, un amigo le puso una demo de Eric Dover, A Slash le gustó, y tras invitarle a visitar el estudio y ver que, en una sola noche ya había compuesto la letra para el tema que le habían proporcionado, Dover se ganó la plaza vacante. Tras escribir el resto entre los dos y grabar las voces, el álbum estaba listo.

El 14 de febrero de 1995 veía la luz el debut de Slash's Snakepit (originalmente bautizados como el estudio, aunque renombrados con el nombre del guitarrista por presiones de Geffen). It's Five O'Clock Somewhere era su título (el guitarrista dijo en su día que la frase se la dio el camarero del bar de un aeropuerto cuando le pidió un güisqui antes de las cinco, algo que estaba prohibido, a lo que el camarero respondió, "bueno, deben ser las cinco en alguna parte") y ya en los primeros compases, notabas que estabas frente a algo que no era, pese a su origen, una recreación de Guns N' Roses. De primeras Neither Can I no era un inicio que tratara de impactar a nadie, al menos a nivel single, pues se trataba de un blues rock oscuro y pesado, con una excelente factura -y un Eric Dover ya a la suya, mostrando el potencial de su voz rasgada sin emular a nadie- pero sin ningún artefacto a nivel de producción. La siguiente Dime Store Rock, firmada principalmente por Gilby Clark, suponía la primera aportación de corte más hardrockero, pero para nada dulce, con unos riffs speedicos y asfixiantes, un estribillo apoteósico, y el primer Slash desbocado conduciendo el tema hacia la especie de extensa jam con que concluía. Con Beggars & Hangers-On llegaba el primer single y la primera canción en la que Slash y Dover trabajaron juntos. Toques de rock sureño en el inicio, riff redondo, y cambios de tempo constantes la convierten en un tema más denso -a pesar de su estribillo y final épicos- de lo que el gran público estaba acostumbrado a escuchar. En el plano anecdótico cabe señalar que es el único tema del álbum que también firma Duff McKagan, cuyo nombre sólo aparece otra vez en el libreto en mitad de una larguísima lista de agradecimientos, lo que alimenta la idea de que este álbum contenga unos cuantos temas que Slash y algún que otro compañero tuvieran pensado destinar a una nueva entrega de Guns N' Roses que nunca llegó.

Volviendo a la obra nos encontramos con Good To Be Alive, un tema de hard a la Aerosmith, con cierto toque lisérgico y un nuevo final a modo de improvisación. Más asequible es What Do You Want To Be, con una línea vocal que te engancha a la primera, y unos riffs marca de la casa, que van haciendo crecer la canción más y más a medida que avanza. La letra, a su vez, parece ir con recado. Monkey Chow es un tema compuesto íntegramente por Gilby Clark y se construye sobre un solo riff, lo que, en este caso, se traduce en uno de los puntos más convencionales del trabajo. No obstante es destacable también el hecho de que Slash le dejara hacer con total libertad. Que Slash es un discípulo aventajado de Joe Perry en plan bestia, queda de nuevo patente en Soma City Ward, otro hard rock muy contundente y nada amable, que deja buena cuenta de que el guitarrista y los suyos estaban plasmando aquí lo que les salía de las tripas, sin consideraciones con nadie (claro que esa es una libertad que muy pocos, sólo los más grandes, se pueden permitir en este negocio). La instrumental Jizz Da Pit, con inicio en plan hard rock festivo y su final una vez a modo de improvisación, marcaba una especie de inciso antes de encarar la recta final, que iniciaba la oscura Lower, un tema enigmático de ritmo muy pausado y toques psicodélicos, que chocaba de nuevo con un estribillo muy contundente. La siguiente Take It Away, como What Do You Want To Be, tratando de dos personas que no se entienden después de una larga relación (y firmada como aquella, además de por Dover, por Slash y Matt Sorum), parecía tener de nuevo recado y se revestía de un sonido hardrockero seco y agresivo. Doin' Fine aportaba el toque vacilón ausente hasta ahora en el disco, tocando un tema insustancial, aunque a pesar del estribillo coral pegajoso el tema se servía otra vez con agresividad, sin edulcorar. Tras ella llegaba el que es para mí el punto más álgido del disco. Be The Ball, según cuenta Slash, estaba inspirada en la novel Miedo y Asco En las Vegas, y es todo un ejercicio de hard rock barroco y espectacular, con música y letra perfectamente enlazadas, merced a sus cambios de ritmo e intensidad que te conducen por donde quieren como a la bola de pinball a la que hace referencia su título. Toda una joya para demostrar a qué cotas de calidad se puede llegar con las prestaciones que permite el género. Finalmente, no sé si conscientemente o no, el álbum se remataba de la mejor manera que se podía, con dos canciones que aportaban el lado más amable de un disco verdaderamente intenso a modo de bocanada de aire fresco para devolverte sano y salvo a la realidad. I Hate Everybody But You, ponía el toque divertido, con la línea vocal más asequible del disco y una letra que, en lugar de decir "te quiero" optaba por la opción menos pegajosa de admitir el "odio a todo el mundo excepto a ti"; mientras Back And Forth Again, a modo de mediotiempo épico, que no de balada, ponía el broche final perfecto con su gradual subida de intensidad y el solo de Slash, haciendo a su guitarra hablar como muy pocos son capaces de hacer.

El disco, a pesar de recibir una correcta promoción en los medios -todo el mundo se enteró de su salida, lo que ni siquiera consiguió en principio el álbum de Velvet Revolver, por comparar épocas-, tan solo alcanzó la posición 70 de la lista de ventas americana, quizás porque, como decía, no se trataba de un álbum fácil y veía la luz cuando el gran público no demandaba complejidad sonora y contundencia rockera, sino riffs sucios y poses victimistas. No obstante, Slash salió en gira a defenderlo, aunque nada más grabarlo sufriera las bajas de media banda. La base rítmica de Pride & Glory integrada por James Lomenzo al bajo y Brian Tichy a la batería se encargó de hacer olvidar la partida de Mike Inez y un Matt Sorum que, paradójicamente, salía para ocuparse de la grabación de la nueva obra de Guns N' Roses. La banda giró durante cinco meses que concluyeron oficialmente (porque posteriormente realizaron alguna actuación puntual) ante la audiencia de la edición del Monsters Of Rock de Donington 1995 que encabezaban Metallica. El resto es historia. Slash regresó al seno de los Guns sólo para ser el primero en abandonarla oficialmente en octubre de 1996 (Duff y Matt Sorum todavía tardarían un año en dejar el barco), y no fue hasta 1998 cuando decidió retomar el nombre Slash's Snakepit. Fue con nuevos compañeros de viaje y para grabar un nuevo álbum, esta vez más asequible aunque no menos magistral, que sentaría, junto con este It's Five O'Clock Somewhere, un precedente a nivel compositivo que haría posteriormente un flaco favor al futuro proyecto de Velvet Revolver (si nos ponemos a comparar). Pero eso lo sabemos tú y yo, y como siempre, es otra historia.

martes 17 de abril de 2007

Clásicos. TESLA. Psychotic Supper (Geffen)

Este "clásico" se publicó en RT1.0 a principios de 2003. El hecho de recuperarlo ahora, no es del todo gratuito. La banda anunció a finales del pasado mes de marzo una aislada actuación en Holanda, concretamente el próximo 29 de junio. Se trata, que yo recuerde, de la primera actuación en Europa de la banda en al menos una década (seguramente, desde que vinieron a presentar este Psychotic Supper). ¿Será posible que sólo den esa actuación en el viejo continente? Trataré de averiguarlo. Por lo pronto podéis empezar a emocionaros recuperando este magnífico álbum.

Aunque buena parte de las nuevas generaciones de rockeros los desconozcan o sólo identifiquen su nombre como un reducto del pasado, cuando en 1991 Tesla publicaron Psychotic Supper ya habían entrado por derecho propio en la historia del rock. Y no lo habían logrado, como muchos afirman, por el mero hecho de ser los padres del fenómeno unplugged cuando su multiplatino Five Man Acoustical Jam abrió con su crudeza acústica la década de los noventa, sino porque facturaban un rock único, bebido de los estilos más clásicos pero mezclado de un modo personal y atemporal. Lo cierto es que sus álbumes -y sobre todo este Psychotic Supper- llevaron al hard rock a un extremo de calidad y riqueza que nunca se ha vuelto a repetir desde entonces. Mucho se ha hablado de que las discográficas potenciaron el fenómeno grunge porque les resultaba imposible encontrar a una banda que igualara las ventas de Guns N' Roses o porque el fenómeno que estos provocaron era peligroso para el sistema. Uno, al escuchar este álbum, piensa también que el rock ya había encontrado su cima.


Tesla siempre han afirmado que Psychotic Supper es su álbum favorito. Con él llevaron al extremo su máxima de "no machines", o lo que es lo mismo, no emplear ningún elemento artificial en la grabación del álbum, nada que no fuera susceptible de llevar al directo. Quizá, como ellos afirman, es este factor precisamente el que haga de discos como este álbumes que sueean igual de contemporáneos ahora que en el momento en el que se grabaron. Lo cierto es que el quinteto de Texarcana (localidad que hicieron célebre al incluirla en el texto del tema Call It What You Want) desplegó en el álbum toda su artillería. Sólo el inicio con Change In The Weather (con sus guitarras grabadas en una sola toma), su particular homenaje al inventor que dio nombre a la banda en Edison's Medecine y la adrenalínica Don't De-Rock Me significan una de las mejores operturas de un álbum de rock de todos los tiempos. Pero ahí no quedaba la cosa, el siguiente tema, el ya citado Call It What You Want, con su memorable riff e inolvidables guitarras dobladas, supone uno de los más grandes cantos al rock n' roll y a la música en general. La siguiente Song & Emotion, dedicada a su amigo Steve Clark (guitarrista fundador de Def Leppard), sería otro de los momentos más recordados del álbum. Sin embargo Psychotic Supper, como los mismos Tesla, no era una fábrica de hit singles sino de rock de excelente factura. Así Tommy Skeoch y Hank Hannon preferían componer temas en los que plasmar su talento como músicos y que adquirían densidad con las letras de Jeff Keith. Time o Freedom Slaves eran prueba de ello, aunque la banda también sabía hacer concesiones al público que había accedido a ellos con temas más accesibles como su emblemática Love Song -una de las power ballads con el sabor único de Tesla y que apareció en su trabajo The Great Radio Controversy-, y los medios tiempos What You Give (imprescindible desde entonces en los directos de la banda) y Stir It Up cumplían la papeleta con creces, aportando sensibilidad al tiempo qu